Retrato fotográfico de Marina Tsvetáyeva en 1925, por Piotr Shúmov

Marina Tsvetáyeva: la poeta de la frase cortada

En el retrato de hacia 1914, Marina Tsvetáyeva lleva el pelo corto y un collar. La fotografía no explica el verso, pero deja a la poeta antes del mito: una joven de Moscú, no todavía el resumen de una vida. Lo que hay que oír, en ella, es la frase cortada. No la cadencia suave. El salto, la elipsis, el momento en que la frase se interrumpe porque el sentimiento ha llegado antes que la gramática.

Nació en Moscú el 8 de octubre de 1892, el 26 de septiembre según el calendario juliano, aún vigente en el Imperio. La doble fecha solo evita perderla en el cambio de estilo. Lo que de verdad la sitúa es la casa.

Yesos, catálogos, un piano

El padre, Iván Vladímirovich Tsvetáyev, fue profesor de historia del arte en la Universidad de Moscú e impulsó el museo que se abrió en 1912 como Museo de Bellas Artes, entonces dedicado a Alejandro III. El edificio está en la calle Voljonka y es hoy el Museo Estatal de Bellas Artes A. S. Pushkin. La hija creció a la sombra de ese proyecto: yesos, catálogos, viajes. Una Moscú de gabinete tanto como de calle.

La madre, María Aleksándrovna Mein, era pianista. En esa casa la música no era adorno de salón; era disciplina. Marina y su hermana Anastasia, también escritora, crecieron entre partituras e idiomas, y con el rumor de una ciudad que la poeta no dejó de nombrar. La infancia moscovita no hace de decorado. Es el primer paisaje del verso: la lámpara y el patio antes que el mito, la intensidad doméstica dicha sin pastoral.

El álbum de 1910

En 1910 apareció su primer libro, El álbum vespertino. Todavía no es la sintaxis en su grado máximo de corte. Sí enseña el gesto: poemas de casa, de juventud, una voz que habla de cerca. Llamó la atención de lectores exigentes; entre ellos, el poeta Maksimilián Voloshin. Hacia los dieciséis años había empezado estudios en la Sorbona. La formación era europea. El oído seguía siendo el de Moscú.

El clima de aquel primer libro es la infancia en una casa de estudio y de música, dicha de cerca. La intensidad llega antes que la anécdota. El verso pide leerse en voz alta, despacio, aceptando el corte.

Retrato de Marina Tsvetáyeva hacia 1914 o 1915, con el pelo corto y un collar
Marina Tsvetáyeva, hacia 1914-1915. Autor desconocido; archivo de la Casa de Marina Tsvetáyeva, difusión Mos.ru. Wikimedia Commons, licencia CC BY 4.0.

Murió el 31 de agosto de 1941, a los cuarenta y ocho años. El álbum vespertino no corta todavía del todo, y por eso mismo deja ver de dónde sale el corte: una voz de casa, que prefiere el salto a la cadencia amable y que no convierte la intimidad en confesión blanda. Moscú, ahí, es timbre y no postal. Lo demás de Tsvetáyeva irá más lejos. No irá a otro sitio.

Retrato fotográfico del poeta ruso Serguéi Yesenin, hacia principios de la década de 1920

Serguéi Yesenin: el poeta del campo ruso

Los sábados, en Konstantinovo, la abuela le peinaba. Caballos, río, peleas de muchachos: Serguéi Yesenin pasó buena parte de la infancia con los abuelos maternos, y esa casa pesa más en los versos que el resto de la biografía. Nació en la aldea el 21 de septiembre de 1895 por el calendario juliano, todavía el del Imperio; el gregoriano anota el 3 de octubre. La doble fecha no es una nota a pie. Es el sitio de un poeta que vivió entre el pueblo y la ciudad, entre el campo de madera y un siglo que ya no esperaba.

Retrato fotográfico del poeta ruso Serguéi Yesenin, hacia principios de la década de 1920
Serguéi Yesenin. Fotografía anterior a 1925 (Wikimedia Commons, dominio público).

Se llamó a sí mismo, con orgullo y con melancolía, «el último poeta de la aldea». La Rusia de madera queda al lado, como imagen —abedules, caminos de tierra, campanarios—, no como lema. Konstantinovo era una aldea campesina del uyezd de Riazán, el distrito de entonces, hoy provincia. Esa geografía atraviesa la poesía como paisaje interior, no como postal.

Moscú no borró el pueblo

Estudió en la escuela del zemstvo, el autogobierno rural, en Konstantinovo, y luego en Spas-Klepiki. Hacia 1910 escribía ya de forma sostenida. En 1912 se trasladó a Moscú, entró en una imprenta y en los círculos literarios. El salto no anuló la aldea: la convirtió en mito personal. Entre 1915 y 1916 llegó a Petrogrado, trató a Aleksandr Blok y publicó Radunitsa (1916). El título nombra un día de recuerdo de los muertos. En ese primer libro están los motivos que luego no se le van: iconos, cigüeñas en las chimeneas, el cielo como un pañuelo azul sobre los abedules.

Al final de los años diez y al principio de los veinte hubo afinidad con la nueva poesía campesina y, un tiempo, con el imaginismo. Lo que permanece al leer es la despedida: un yo que se aparta del campo como quien se aparta de la infancia, sabiendo que el regreso ya no será el mismo. La ciudad en transformación no le dio un lugar estable. Esa tensión —arraigo y exilio interior— se oye sin antología. Muchas traducciones largas siguen, además, bajo derechos, y el clima del verso basta.

Fotografía de Serguéi Yesenin en Moscú, alrededor de 1922
Serguéi Yesenin hacia 1922. Wikimedia Commons, dominio público.

Vagánkovo

El 28 de diciembre de 1925 murió en Leningrado. Tenía treinta años. Lo enterraron en el cementerio de Vagánkovo, en Moscú. En su país se le lee y se le recita; hay canciones hechas sobre sus textos, y esa vida oral lo deja cerca del oído común, no solo del estante. Konstantinovo guarda la casa-museo. El paisaje de la provincia de Riazán sigue ahí, al lado de unos versos que ya no describen el mismo pueblo.

Radunitsa lo dice mejor que cualquier aniversario. Un primer libro titulado con el día de los difuntos no es un debut inocente: Yesenin escribe la aldea como algo a lo que ya se vuelve de luto. Su fórmula, «el último poeta de la aldea», es la que cabe. La Rusia de madera se queda en los campanarios, no en la boca del poeta.

30 años de la disolución de la URSS

Hace 30 años, el 25 de diciembre de 1991, Mikhail Gorbachov pronunciaba un breve discurso televisado, de apenas minuto y medio, en el que renunciaba a su cargo de Presidente de la Unión Soviética.

Apenas media hora después, la bandera de la URSS se arriaba en el Kremlin por última vez.

Esta semana, emitía en el programa Documentos TV un documental sobre la figura de Gorbachov desde una perspectiva más humana que política. Este documental está disponible en la web de RTVE hasta el 20 de enero de 2022.

https://www.rtve.es/play/videos/documentos-tv/gorbachov/6254803/

RTVE Play — Documentos TV

Existen dos versiones de este documental del cineasta Vitaly Mansky, una de 57 minutos, que es la que se emitió en el programa Documentos TV y otra de 100 minutos, que seguro que no se hace tan corta.

¡Hasta siempre Maestro!

Mañana no estará en la Plaza Roja, aunque no se le eche de menos, se le echará de menos. Se hará raro no verle dirigiendo la gran orquesta militar, en la gran plaza, en el gran día. Mañana se le recordará y espero que se le rinda el homenaje que se le debe.

El Teniente General Valery Khalilov perdió la vida el pasado 25 de diciembre de 2016, en el accidente aéreo del avión ruso que se estrelló en aguas del Mar Negro cuando se dirigía a Siria. Él era el director artístico del Coro del Ejército Ruso, cargo que asumía desde abril de 2016, que iba a amenizar el año nuevo y las fiestas navideñas a las tropas rusas destacadas en Siria. El pasado 30 de enero hubiera cumplido 65 años. Descanse en Paz, Maestro.

Empezó a componer música con tan sólo cuatro años de edad y ya como profesional llegó a dirigir en catorce ocasiones (hecho único) a las orquestas militares presentes en el Día de la Victoria, el 9 de Mayo, en el desfile militar en la Plaza Roja de Moscú. Para esa bella plaza creó el maravilloso festival de orquestas militares y no militares denominado Torre del Salvador, la torre del Kremlin que tiene el reloj. Festivales similares desarrolló también en otras ciudades rusas como Khabarovsk, Tambov y Yuzhno-Sajalinsk. Fue un gran compositor e innovador musical y en la actualidad era también Director de la Orquesta Sinfónica Nacional de la república rusa de Tartaristán.

Había dejado el servicio activo el pasado 22 de agosto de 2016, dirigiendo por última vez a las orquestas militares de la guarnición de Moscú en la Plaza Roja. Entre otras recompensas y galardones contaba con los de Artista del Pueblo de Rusia y Artista de Honor de Rusia.

A continuación un vídeo de la actuación, la última actuación del Coro del Ejército Ruso antes del accidente, que se celebró en el Teatro Bolshoi de Moscú.

Preciosas imágenes: https://ria.ru/photolents/20161225/1484557541_1484556165.html

En el siguiente vídeo el gran maestro dirigiendo a las orquestas militares de Moscú en el acto final del Desfile de la Victoria de 2015, con la interpretación de la canción “Nosotros, somos el Ejército del Pueblo”.

Kseniya Simonova

Kseniya Simonova (http://www.kseniyasimonova.com/) ganó en Ucrania el concurso que en España se emitió bajo el nombre de Tú sí que vales.

Una mesa de luz, una buena música y un excelente guión le sirven para interpretar la invasión y ocupación nazi de la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial.

Es realmente impresionante.

Bicentenario del nacimiento de Gógol

Bicentenario del nacimiento de Gógol

Nikolái Vasílievich Gógol, Николай Васильевич Гоголь, nació el 1 de abril de 1809 en la localidad ucraniana de Bolshe Soróchintsi y falleció en Moscú en 1852.

En Ucrania pasó su infancia y adolescencia; viajo hasta San Petersburgo para iniciarse en la literatura y también impartió clases de Historia en la universidad de esta ciudad, donde conoció a otro genio ruso, Alexander Pushkin, quien inspiró y ayudo a Gógol en sus inicios. (más…)