En el boceto de 1912, el palacio del zar Berendéi no acompaña a La doncella de nieve: la sostiene. Nikolái Rérij lo pensó como arquitectura de escenario. Palacios, bosques, un mundo de leyenda hecho de color. El cuento era de Ostrovski; la ópera, de Nikolái Rimski-Kórsakov. Quien quiera al pintor de la Rus antigua puede empezar por ese palacio, no por una cumbre.

Agua, vela, costa
Rérij nació en San Petersburgo el 9 de octubre de 1874; por el calendario juliano, todavía el del Imperio, había sido el 27 de septiembre. Estudió en la Academia de Bellas Artes y, a la vez, Derecho. Formó parte de esa efervescencia que en Rusia se llama a veces Edad de Plata, y se orientó pronto a lo histórico y a lo legendario: barcos, costas, ídolos, aldeas de madera, el mundo de los varegos y de los eslavos antes de la crónica moderna. Le interesó la arqueología. No pintaba, con todo, un inventario frío.
Huéspedes de ultramar, de 1901, pertenece a la serie sobre el comienzo de la Rus y basta para ver el método. La antigüedad eslava aparece como paisaje vivo: agua, vela, costa. Esa sensibilidad, hecha de fuentes y de arte popular, de formas antiguas, de ornamento y del paisaje del norte, alimentó después el trabajo para la escena. Lo aprendido en el caballete pasó al telón.
París, en dos registros
En 1909, para la temporada parisina de Serguéi Diáguilev, diseñó decorados y trajes de las Danzas polovtsianas de El príncipe Ígor, de Aleksandr Borodín. Aquella puesta se recuerda por la fuerza del color y por un vestuario histórico de verdad: investigado, no improvisado, a la medida de los primeros Ballets Rusos. En 1913 el registro ya no era el de una corte medieval. Firmó la escenografía y el vestuario del estreno de La consagración de la primavera, de Ígor Stravinski, con coreografía de Vaslav Nizhinski. Lo que llevó al escenario fue un ritual arcaico, un imaginario eslavo de formas y motivos que conversaba con la música y con el escándalo de aquella noche de París.
La doncella de nieve no fue un encargo suelto de Diáguilev. Rérij diseñó también para otras compañías y otros títulos del repertorio ruso, y en ese cuento el palacio y el bosque se vuelven edificio. Fuera de Rusia el apellido circuló como Roerich. El pintor del que hablo es el del boceto de Berendéi.
Las cumbres, después
Tras dejar Rusia pintó el Himalaya y el Asia Central. Esa etapa, luminosa y muy reproducida, es posterior. No resume la obra. Quien llega solo por las cumbres blancas se pierde la Rus de madera, los varegos y el telón de ópera. Murió el 13 de diciembre de 1947 en Naggar, en el valle de Kullu, en la India. La Galería Tretiakov, en Moscú, conserva piezas de la etapa histórica. Sirven para comprobar lo que el palacio de Berendéi ya dice sin vitrina: Rérij no ilustraba la antigüedad. La construía para que pudiera pisarse.

