Moscú tiene una torre que parece un dibujo hecho con regla y compás y que, sin embargo, se construyó para durar. Es de acero, mide 160 metros, tiene seis secciones que se estrechan hacia arriba y no lleva paredes: solo barras rectas cruzadas en diagonal. La torre Shukhov, en Shábolovka, se levantó entre 1920 y 1922, con el país en plena guerra civil y con el acero racionado.
Detrás está Vladímir Shújov (1853-1939), uno de esos ingenieros que cambiaron la forma de construir sin que casi nadie recuerde su nombre. Su especialidad era la geometría: hacer que una línea recta, repetida con orden, produzca una superficie curva. Eso es un hiperboloide, y él fue el primero en llevarlo a la arquitectura.
La torre de agua de 1896
La primera prueba está en una fotografía de la Exposición de Nizhni Nóvgorod de 1896. Entre los pabellones de hierro y cristal aparece una estructura de cintura estrecha y faldón abierto que sostiene un depósito: la primera torre hiperboloide del mundo, proyectada por Shújov y construida por la firma de su socio, el ingeniero Aleksandr Bari. La foto la tomó Andréi Karélin, el gran retratista de la feria, y en el pie original se lee «torre de agua del ingeniero A. V. Bari»: ni siquiera entonces se le daba a Shújov el crédito.
El hallazgo había sido anterior. Shújov había resuelto la geometría en 1890 y la había patentado después. Su idea era sencilla de decir y difícil de ejecutar: en lugar de doblar el hierro, cruzar barras rectas de modo que el conjunto se comporte como una superficie reglada. Menos material para la misma resistencia.
De 350 metros a 160
En 1919, con la radio como prioridad del nuevo Estado, se convocó un concurso para una torre de transmisión en Moscú. Shújov propuso 350 metros, más alta que la torre Eiffel. No había acero suficiente ni grúas capaces, y el proyecto se quedó en 160 metros. Se montó por secciones, cada una un hiperboloide independiente apoyado en la anterior, y el último tramo se aseguró el 14 de febrero de 1922.
Desde entonces, la torre ha emitido, ha envejecido y ha estado a punto de caer varias veces. En 2014 la ciudad la incluyó en su lista de bienes protegidos, después de una campaña internacional que llegó a los medios de todo el mundo. Sigue en pie, con el hormigón reparado y la pintura a medias, en un barrio que ya no es el de las afueras.
Lo que dejó
Las torres hiperboloides de Shújov se levantaron en fábricas, puertos y centrales eléctricas: la del río Oka, de 1929, es la más famosa de las que se conservan. La forma pasó al vocabulario de la ingeniería y del arte, del constructivismo a las estructuras ligeras de la segunda mitad del siglo XX. Y quedó una lección de método: la resistencia no siempre está en la masa, a veces está en el dibujo.
Cómo verla
La torre de Shábolovka está en el distrito administrativo del sur de Moscú, cerca de la calle del mismo nombre, y se ve desde la calle sin entrar en ningún sitio. No se sube. Lo mejor es ir al atardecer, cuando la retícula recorta el cielo y se entiende de golpe por qué los arquitectos del siglo XX la miraron dos veces.
Shújov es el mismo Moscú que contamos en los siete rascacielos de Stalin: dos maneras opuestas de entender la altura. Y si lo que interesa es la ciudad que se recorre, las nueve estaciones son otro buen punto de partida.
