Litografía del monasterio de Valaam visto desde el lago, con barcos de vela y monjes en la orilla

La isla que fue monasterio, cuartel y granja

El barco que va de Sortavala a Valaam tarda poco más de una hora y atraviesa un archipiélago de granito y pinos que parece inventado. Al llegar, lo primero que se ve no es una isla salvaje: es un edificio blanco de cinco cúpulas, un muelle, turistas y una valla. Detrás de la postal, este trozo de Carelia ha sido monasterio, cuartel, granja y casa de inválidos en menos de un siglo.

Valaam es la isla mayor del lago Ladoga, el más grande de Europa, a unos cuarenta kilómetros de la frontera finlandesa. El conjunto monástico, dedicado a la Transfiguración, es stauropégico: depende directamente del patriarca de Moscú, sin obispo intermedio. Y su historia, como casi todo en estas latitudes, se entiende mejor por interrupciones que por continuidad.

Litografía del monasterio de Valaam visto desde el lago, con barcos de vela y monjes en la orilla
El monasterio de Valaam en una litografía de Pehr Adolf Kruskopf (1845-1852), dominio público, vía Wikimedia Commons.

Un origen que nadie fecha

La tradición hace fundadores a dos monjes, Sergio y Germán, llegados según algunas versiones en el siglo X y según otras en el XIV. Lo cierto es que el monasterio no aparece en documentos hasta el siglo XVI, y de ahí las horquillas. Las reliquias de los dos santos siguen bajo el suelo de la iglesia inferior del templo principal, y esa presencia explica por qué el lugar se considera uno de los centros del monacato ortodoxo ruso.

Finlandia, la guerra y el silencio

Tras la independencia finlandesa de 1917, Valaam quedó dentro de Finlandia y el monasterio pasó a ser el más importante de la Iglesia ortodoxa finesa, con liturgia en finés y un periodo de tensiones internas que duró décadas. En la Guerra de Invierno, la isla entró en zona de combate: fue bombardeada en enero y febrero de 1940 y el 6 de febrero los monjes y el abad salieron en camiones militares, dejando atrás a cinco personas. La comunidad se instaló en Heinävesi, en el continente, donde fundó un nuevo monasterio que sigue activo.

Después de 1944 la isla fue base militar soviética y escuela de la Marina. Luego, granja estatal y residencia para inválidos de guerra. Durante medio siglo, el monasterio fue un edificio público más: se entraba a trabajar, no a rezar.

El regreso, en diciembre de 1989

El 19 de septiembre de 1989 el Consejo de Ministros de la república de Carelia firmó la devolución de los edificios a la Iglesia ortodoxa rusa. En diciembre, en la fiesta de san Andrés, llegaron los primeros monjes. Durmieron, según las crónicas del propio monasterio, en el antiguo aislador de la residencia de inválidos. Desde entonces se ha restaurado casi todo: la catedral, los sketes repartidos por la isla, los caminos, los huertos.

La isla que se visita

Valaam recibe excursionistas en verano, con horarios de barco que dependen del tiempo en el Ladoga. El monasterio pide silencio y ropa discreta, y hay zonas cerradas a la visita. Se puede dormir en el hotel del propio monasterio y comer en sus refectorios: es la manera más sencilla de ver la isla cuando los grupos ya se han ido, al atardecer, con las cúpulas todavía encendidas.

Para viajar a Rusia conviene revisar antes el visado y las condiciones de entrada, que cambian con frecuencia. Y si interesa la Rusia que se recorre en barco y en tren, Sitka y el Alaska que se perdió es la otra cara del mapa. Más destinos, en Lugares.

Figura de aguadora de Dýmkovo: falda de campana blanca y amarilla con flores pintadas y dos cubos

Los silbatos de barro que despedían el invierno

En el arrabal de Dýmkovo, al otro lado del río desde el centro de Kírov, las mujeres hacían figuras de barro para una feria de primavera. No eran adornos: eran silbatos. Caballos, jinetes, pájaros y señoras con faldas de campana que, al soplar, despedían el invierno. Los juguetes de Dymkovo siguen haciéndose hoy con el mismo barro rojo y la misma pintura de círculos, aunque ya nadie los use para llamar al buen tiempo.

La ciudad se llamó Viatka hasta 1934 y ahora se llama Kírov. El barrio conserva el nombre y el oficio. Allí, el barro local se mezcla con arena de río, se modela a mano, se seca y se cuece. Después viene lo que distingue a estas figuras de cualquier otra cerámica popular rusa. Se blanquean con tiza disuelta en leche, de modo que la superficie queda mate y brillante a la vez. Y solo entonces se pintan, con rombos, puntos y círculos de colores planos.

Figura de aguadora de Dýmkovo: falda de campana blanca y amarilla con flores pintadas y dos cubos
Aguadora de Dýmkovo. Foto: Oblomov2, CC0, vía Wikimedia Commons.

La fiesta de los silbatos

La feria se llamaba Svistunia, de svistet, silbar. La primera mención documentada de la fiesta es de 1811. Se cree que existía desde mucho antes, quizá desde el siglo XVII, y que venía de rituales agrícolas de primavera. El silbato de barro era una manera de llamar a la estación buena. Con el tiempo, el sentido mágico se perdió y quedó el juguete, que se vendía a los niños en la feria.

El oficio era de mujeres. Ellas modelaban, cocían y pintaban; los nombres que recoge la tradición son casi todos femeninos, y esa continuidad familiar explica que las formas se repitieran durante generaciones sin perder el aire.

El declive y la vuelta

A finales del siglo XIX el negocio se hundió. Las figuras de escayola moldeadas en fábrica, que imitaban la porcelana y costaban menos, inundaron el mercado. El barro modelado a mano se quedó para unos pocos. En los años treinta, ya con la Unión Soviética, el oficio se reorganizó. En 1933 se creó un artel llamado «El juguete de Viatka», que con el tiempo pasó a ser taller del Fondo Artístico de la RSFSR. De ahí salió la generación que convirtió Dýmkovo en una firma reconocible y, más tarde, en recuerdo de aeropuerto.

Qué mirar en una figura

Los cuerpos son macizos y algo grotescos, y eso es deliberado: la silueta se lee desde lejos. Los volantes y los cuellos ahuecados dan movimiento a una masa que, sin ellos, sería un cono. La pintura no imita nada: son círculos, cuadros y puntos de colores planos, aplicados sin sombra. Y casi todas las piezas, incluso las que hoy se venden como adorno, conservan el agujero del silbato.

Dónde verlas

En Kírov, el museo de arte regional y el Museo de Dýmkovo reúnen piezas antiguas y contemporáneas. En Moscú aparecen en las vitrinas de arte popular del Museo Estatal de Arte Oriental y en el Museo de Arte Popular. Y en cualquier mercado de artesanía hay figuras nuevas: conviene fijarse en que el barro tenga el peso irregular de lo modelado a mano y no la simetría del molde.

Este calendario de fiestas y barro se entiende mejor al lado de Pokrov, el velo que cerraba el otoño, otra fecha del año ruso que se lee en el paisaje. Y para el arte popular que llegó al lienzo, Rérij y la Rus antigua.

Torre de agua hiperboloide de Shújov en la Exposición de Nizhni Nóvgorod de 1896, fotografía de Karélin

El ingeniero que dibujó Moscú con hipérboles

Moscú tiene una torre que parece un dibujo hecho con regla y compás y que, sin embargo, se construyó para durar. Es de acero, mide 160 metros, tiene seis secciones que se estrechan hacia arriba y no lleva paredes: solo barras rectas cruzadas en diagonal. La torre Shukhov, en Shábolovka, se levantó entre 1920 y 1922, con el país en plena guerra civil y con el acero racionado.

Detrás está Vladímir Shújov (1853-1939), uno de esos ingenieros que cambiaron la forma de construir sin que casi nadie recuerde su nombre. Su especialidad era la geometría: hacer que una línea recta, repetida con orden, produzca una superficie curva. Eso es un hiperboloide, y él fue el primero en llevarlo a la arquitectura.

Torre de agua hiperboloide de Shújov en la Exposición de Nizhni Nóvgorod de 1896, fotografía de Karélin
Torre de agua de la Exposición de Nizhni Nóvgorod, 1896. Andréi Karélin, dominio público, vía Wikimedia Commons.

La torre de agua de 1896

La primera prueba está en una fotografía de la Exposición de Nizhni Nóvgorod de 1896. Entre los pabellones de hierro y cristal aparece una estructura de cintura estrecha y faldón abierto que sostiene un depósito: la primera torre hiperboloide del mundo, proyectada por Shújov y construida por la firma de su socio, el ingeniero Aleksandr Bari. La foto la tomó Andréi Karélin, el gran retratista de la feria, y en el pie original se lee «torre de agua del ingeniero A. V. Bari»: ni siquiera entonces se le daba a Shújov el crédito.

El hallazgo había sido anterior. Shújov había resuelto la geometría en 1890 y la había patentado después. Su idea era sencilla de decir y difícil de ejecutar: en lugar de doblar el hierro, cruzar barras rectas de modo que el conjunto se comporte como una superficie reglada. Menos material para la misma resistencia.

De 350 metros a 160

En 1919, con la radio como prioridad del nuevo Estado, se convocó un concurso para una torre de transmisión en Moscú. Shújov propuso 350 metros, más alta que la torre Eiffel. No había acero suficiente ni grúas capaces, y el proyecto se quedó en 160 metros. Se montó por secciones, cada una un hiperboloide independiente apoyado en la anterior, y el último tramo se aseguró el 14 de febrero de 1922.

Desde entonces, la torre ha emitido, ha envejecido y ha estado a punto de caer varias veces. En 2014 la ciudad la incluyó en su lista de bienes protegidos, después de una campaña internacional que llegó a los medios de todo el mundo. Sigue en pie, con el hormigón reparado y la pintura a medias, en un barrio que ya no es el de las afueras.

Lo que dejó

Las torres hiperboloides de Shújov se levantaron en fábricas, puertos y centrales eléctricas: la del río Oka, de 1929, es la más famosa de las que se conservan. La forma pasó al vocabulario de la ingeniería y del arte, del constructivismo a las estructuras ligeras de la segunda mitad del siglo XX. Y quedó una lección de método: la resistencia no siempre está en la masa, a veces está en el dibujo.

Cómo verla

La torre de Shábolovka está en el distrito administrativo del sur de Moscú, cerca de la calle del mismo nombre, y se ve desde la calle sin entrar en ningún sitio. No se sube. Lo mejor es ir al atardecer, cuando la retícula recorta el cielo y se entiende de golpe por qué los arquitectos del siglo XX la miraron dos veces.

Shújov es el mismo Moscú que contamos en los siete rascacielos de Stalin: dos maneras opuestas de entender la altura. Y si lo que interesa es la ciudad que se recorre, las nueve estaciones son otro buen punto de partida.

Tres campesinas rusas con vestidos de fiesta y cuencos de bayas ante una casa de madera, fotografía en color de Prokudin-Gorski

El fotógrafo al que el zar le prestó un vagón

En 1909, un químico ruso de cuarenta y seis años subió a un vagón de tren que no era un vagón de pasajeros. Dentro había una cámara oscura, placas de vidrio, filtros y productos químicos. El tren era suyo por una concesión del zar Nicolás II, que además le había firmado dos permisos para entrar en zonas vedadas y para que la burocracia del imperio le abriera puertas. Con ese equipaje, Prokudin-Gorski se pasó años fotografiando un país que ya no existiría diez años después.

Se llamaba Serguéi Mijáilovich Prokudin-Gorski, había nacido en 1863 en la provincia de Vladímir y se había formado como químico en San Petersburgo, Berlín y París. No era un fotógrafo aficionado con una idea bonita: tenía patentes propias para proyectar imágenes en color y llevaba una década investigando cómo separar la luz.

Tres campesinas rusas con vestidos de fiesta y cuencos de bayas ante una casa de madera, fotografía en color de Prokudin-Gorski
Campesinas de Kirílov, hacia 1909. Serguéi Prokudin-Gorski, dominio público (Biblioteca del Congreso de EE. UU.).

Tres placas para un solo color

El método era laborioso. Cada escena se fotografiaba tres veces, con tres placas de vidrio y a través de tres filtros: rojo, verde y azul. Lo que quedaba no era una foto en color, sino tres negativos en blanco y negro que, superpuestos con luz, devolvían el color. Para enseñarlo usaba una linterna mágica con los tres filtros: el público veía una imagen única, a todo color, proyectada sobre la pared.

Ahí estaba el propósito del viaje: no hacer arte, sino enseñar. La biblioteca dice que su objetivo era educar a los escolares rusos con «proyecciones ópticas en color» sobre la historia, la cultura y la modernización del imperio. Un país enorme, analfabeto y diverso, explicado con luz.

Lo que quedó

Prokudin-Gorski recorrió el imperio aproximadamente entre 1907 y 1915. Fotografió campesinas de Kirílov con sus vestidos de fiesta y sus cuencos de bayas, la línea del ferrocarril, monasterios, fábricas, presos, molinos, el Turquestán, el Cáucaso. En 1918, después de la revolución, salió de Rusia: Noruega, Inglaterra y finalmente Francia, donde murió en 1944.

Las placas se quedaron. En 1948 la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos las compró a sus herederos: 1.902 negativos de vidrio que estuvieron medio siglo casi sin mirar, porque revelarlos era caro y lento. Solo un centenar de imágenes circuló en libros y exposiciones en esos cincuenta años. La digitalización y un proceso llamado digicromatografía hicieron el resto: hoy cualquiera puede ver el imperio ruso en color en la web de la Biblioteca del Congreso.

Por qué sigue importando

Porque cambia la textura del pasado. Estamos acostumbrados a imaginar el imperio zarista en sepia, y de pronto aparecen rostros con mejillas rojas, telas verdes y moradas, el azul de un cielo de provincias. No es una reconstrucción ni una ilustración: es luz de 1909 que atravesó un filtro y quedó guardada en un cristal.

Para quien quiera entender de qué país hablaba aquella cámara, sirve de contrapunto el día en que Rusia arrió su bandera en Alaska, y de compañía, Rérij pintando la Rus antigua. El resto de nuestro archivo gráfico está en Fotografías.

Iglesia de la Transfiguración de Kizhi, con sus cúpulas de tejuela de álamo, vista desde el camino de la isla

Kizhi: veintidós cúpulas de álamo sobre el Onega

El barco salta sobre el Onega durante una hora y media larga y, cuando por fin dobla la punta sur de la isla, aparece de golpe: una montaña de madera gris con veintidós cúpulas que se superponen como escamas. No hay transición. El pasajero que va en cubierta mira el agua y, un segundo después, mira hacia arriba.

Esto es Kizhi, a unos sesenta kilómetros al noreste de Petrozavodsk, en la Carelia rusa. Un recinto de dos iglesias y un campanario de madera que la UNESCO inscribió en 1990 y que sigue siendo la mejor respuesta a quien cree que la arquitectura monumental necesita piedra. Es la iglesia de Kizhi lo que la gente viene a ver, y no decepciona.

Iglesia de la Transfiguración de Kizhi, con sus cúpulas de tejuela de álamo, vista desde el camino de la isla
Iglesia de la Transfiguración, Kizhi (Carelia). Foto: Alexxx1979, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.

Los números que importan

La iglesia de la Transfiguración se levantó en 1714. La fecha no es una estimación: el altar se colocó el 6 de junio de ese año y así consta en la cruz que hay dentro. Mide 37 metros hasta la punta de la cúpula central, tiene veintidós cúpulas y está montada sobre un armazón octogonal de troncos de pino de unos treinta centímetros de diámetro.

Las cúpulas no son de metal. Están cubiertas de tejuelas de álamo temblón cortadas a mano, que con el tiempo se oxidan a un gris plateado y cambian de tono según la luz. El interior está sin calentar y, por eso, la llaman iglesia de verano: durante siglos solo se ofició allí en la estación cálida.

La leyenda del maestro Néstor

La tradición dice que el carpintero que la levantó, un tal Néstor, terminó el trabajo, subió a la cúpula más alta y lanzó su hacha al lago. Lo que quería decir era que no habría otra igual. También se repite que la iglesia se construyó sin un solo clavo. La parte del hacha es leyenda; la del clavo merece un matiz, porque las tejuelas se sujetan con piezas metálicas pequeñas. Lo que sí se sostiene sin discusión es lo asombroso: miles de troncos traídos desde el continente, encajados sin planos ni hierro estructural, en un lugar al que todo llegaba en barco.

Cuarenta años de andamios

La madera envejece y se deforma. En 1980 los especialistas declararon la iglesia en mal estado y empezó una discusión que duró dos décadas: desmontarla o sujetarla por dentro. Ganó lo segundo. Desde 2011 se introdujo un esqueleto metálico que sostiene la estructura mientras se sustituyen las piezas dañadas, sin desarmar el edificio. De las aproximadamente 40.000 tejuelas del tejado se restauró una por una, y al final solo se cambió el 36 % de la madera.

La iglesia reabrió al público en julio de 2021, después de cuarenta años cerrada. Hoy solo acoge una liturgia al año, el 19 de agosto, fiesta de la Transfiguración. El resto de los días es un monumento: se entra, se mira hacia arriba y se sale en silencio.

Cómo llegar

Se llega en barco desde Petrozavodsk, con hidroalas que salen por la mañana y vuelven por la tarde, o en los cruceros fluviales que suben desde el Neva. La isla tiene un museo al aire libre con edificios de madera traídos de toda la región, y en verano conviene reservar con días de antelación: es uno de los destinos escolares y turísticos más solicitados de Carelia.

Quien vaya buscando la estela de la arquitectura religiosa rusa puede seguir por la iglesia de Koloménskoye, que apuntaba al cielo con piedra en lugar de madera, o recorrer el resto de nuestros lugares.

El Kremlin visto desde el puente flotante del parque Zariádiye, sobre el Moscova

Cuatro parques donde Moscú se toma un respiro

Un domingo de septiembre, en el parque Gorki, un hombre mayor juega al ajedrez con un estudiante bajo los árboles mientras, a pocos metros, una clase de baile ocupa la explanada del río. Por el Moscova pasan los barcos de recreo y en la orilla de enfrente los patinadores bajan hacia el puente. Moscú tiene fama de ciudad gris, pero los moscovitas viven media vida en sus parques.

Moscú tiene decenas de zonas verdes. Estos cuatro parques ofrecen, cada uno a su manera, una cara distinta de la ciudad.

Parque Gorki

Abierto el 12 de agosto de 1928 como gran parque de cultura y descanso, el Gorki se extiende a lo largo del Moscova y fue renovado a fondo a partir de 2011. Hoy combina paseos junto al agua, zonas deportivas, cafés y, en invierno, una enorme pista de hielo. Su pórtico monumental de entrada es uno de los iconos de la ciudad.

El pórtico monumental de la entrada principal del parque Gorki, en Moscú
La entrada principal del parque Gorki. Foto: Retired electrician (Wikimedia Commons, CC0).

Está en la orilla derecha del Moscova, junto al Anillo de los Jardines; las estaciones de metro Park Kultury y Oktiábrskaya son las más cercanas.

Zariádiye

Es el parque más joven del centro, inaugurado en septiembre de 2017 en el solar del antiguo hotel Rossiya, junto al Kremlin. Recrea en pocas hectáreas los paisajes de Rusia, de la tundra al bosque, y su puente flotante, un voladizo de hormigón sobre el río, ofrece una de las mejores vistas del Kremlin y de San Basilio.

El Kremlin visto desde el puente flotante del parque Zariádiye, sobre el Moscova
El Kremlin desde el puente flotante de Zariádiye. Foto: Bestalex (Wikimedia Commons, CC0).

Queda a un paso de la Plaza Roja, entre la calle Varvarka y el muelle del Moscova; la estación de metro más cercana es Kitái-Górod. A diez minutos andando, los Jardines de Alejandro continúan el paseo junto a la muralla del Kremlin.

VDNJ

La Exposición de Logros de la Economía Nacional nació en 1939 como gran feria agrícola de la Unión Soviética, y es un museo al aire libre de la arquitectura estalinista. Sus pabellones de las repúblicas, la fuente de la Amistad de los Pueblos, con sus dieciséis figuras doradas, una por cada república que formaba la URSS en 1954, y el cohete que se alza ante el pabellón del Cosmos merecen una tarde entera.

La fuente dorada de la Amistad de los Pueblos en el recinto de VDNJ, Moscú
La fuente de la Amistad de los Pueblos, en VDNJ. Foto: Dmitry Ivanov (Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0).

Está al norte de la ciudad, junto a la torre de televisión de Ostánkino, y se llega con la estación de metro VDNJ.

Sokólniki

Antiguo coto de caza de los zares, donde, según la versión más extendida, se criaban los halcones que le dan nombre, Sokólniki es el más boscoso de los cuatro. Sus avenidas en abanico se pierden entre pinos y abedules, y es el lugar perfecto para ver el Moscú más tranquilo, el de las familias, los ciclistas y los paseos sin prisa.

Queda al noreste del centro, junto a la estación de metro Sokólniki.

Preguntas frecuentes

¿Hay que pagar entrada en los parques de Moscú?

No. Los cuatro son de acceso gratuito; se paga el alquiler de bicicletas, algunas atracciones y los museos que hay dentro, como el del Cosmos en VDNJ.

¿Cuál es la mejor época para ir?

De mayo a septiembre, con los jardines en flor y las fuentes en marcha. En invierno el Gorki cambia de carácter: pista de hielo y paseos entre la nieve.

¿Cuál conviene si se viaja con niños?

Gorki y Sokólniki: zonas de juego, alquiler de bicicletas y espacio de sobra. VDNJ funciona mejor con niños algo mayores, por los museos.

Si hay que quedarse con uno, la elección depende del viajero: Zariádiye para la primera visita, Gorki para entender la vida de la ciudad, VDNJ para los curiosos de la historia soviética y Sokólniki para escapar de ella. El mejor consejo es más sencillo: dedicar al menos una tarde a cualquiera de ellos. Moscú se entiende mejor desde un banco del parque que desde la cola de un museo. Y si el paseo abre el apetito, en Lugares está el resto de la ciudad.

El muro de Tsoi en la calle Arbat de Moscú, cubierto de pintadas y mensajes

Cuando el rock soviético salió del sótano

En el número 13 de la calle Rubinstein, en Leningrado, una sala de actos con sillas de madera se llena hasta los pasillos. En el escenario, un grupo afina guitarras mientras un funcionario revisa las letras que han presentado por escrito. Los músicos han aceptado la censura a cambio de algo que hasta entonces no tenían: un escenario legal. Es la primavera de 1981 y acaba de abrir el Club de Rock de Leningrado.

De aquella sala salió buena parte de la música que acompañó a la Unión Soviética en su última década. No era un movimiento político, pero cambió la manera en que una generación hablaba de sí misma.

Un club con permiso

Antes del club, el rock soviético vivía en conciertos en pisos particulares, los kvartírniki, y en grabaciones caseras que se copiaban de cinta en cinta. El club, abierto el 7 de marzo de 1981 bajo la tutela de una casa de cultura, ofreció a los grupos un sitio donde tocar sin arriesgarse a una multa ni al cierre de la sala. A cambio, las letras pasaban por un comité. La negociación entre libertad y control marcó toda la década.

Cuatro nombres para empezar

  • Aquarium. El grupo de Borís Grebenshchikov, fundado a comienzos de los setenta, fue el patriarca de la escena: letras poéticas, influencias de Dylan y de los Beatles y un aire místico que lo distinguía de todos.
  • Kino. La banda de Víktor Tsoi, formada en 1981, convirtió el post-punk en himno generacional. A su historia le dedicamos un artículo propio.
  • DDT. Nacido en Ufá, el grupo de Yuri Shevchuk se instaló en Leningrado a mediados de los ochenta y aportó un rock más duro y una voz rasgada y combativa.
  • Nautilus Pompilius. Llegado de Sverdlovsk, la actual Ekaterimburgo, con Viacheslav Bútusov al frente, demostró que había vida rockera lejos de Leningrado. Sus canciones volverían a sonar en el cine de los noventa, en «Brat».
El muro de Tsoi en la calle Arbat de Moscú, cubierto de pintadas y mensajes
El muro de Tsoi en el Arbat, 2010. Foto: Hshuvaeva (Wikimedia Commons, dominio público).

De la cinta al estadio

Con la perestroika, a partir de 1985, el rock salió de los sótanos. Los grupos empezaron a grabar con sellos oficiales, a llenar estadios y a aparecer en el cine y en la televisión. Las canciones que antes circulaban en cintas copiadas sonaban ahora en todas partes, y algunas, como las de Kino, se convirtieron en himnos que se cantaban en la calle.

La década terminó de golpe. En agosto de 1990 Víktor Tsoi murió en un accidente de tráfico en Letonia, y en la calle Arbat de Moscú sus seguidores empezaron a cubrir una pared de mensajes. El muro de Tsoi sigue allí. Poco más de un año después, la Unión Soviética había dejado de existir.

Lo que dejó

Preguntas frecuentes

¿Por dónde empiezo si no conozco el rock soviético?

Por los cuatro nombres de esta lista: Aquarium para la poesía, Kino para los himnos, DDT para la rabia y Nautilus Pompilius para las melodías.

¿Por qué se llama «soviético» y no «ruso»?

Porque nació dentro de la URSS y se cantaba en ruso en casi todas sus repúblicas. Muchas de esas bandas siguieron tocando después de 1991.

¿Qué fue de Kino tras la muerte de Tsoi?

El grupo se disolvió. Tsoi murió en agosto de 1990 y sus compañeros no continuaron sin él.

El rock soviético de los ochenta no derribó ningún régimen, pero dio palabras a quienes vivieron su final. Sus letras hablaban de cambio, de cansancio y de libertad interior en un país donde esas palabras pesaban. Por eso sigue vivo: cuando un grupo de chavales canta a Kino con una guitarra en un parque ruso, no está escuchando música antigua, está repitiendo la canción que sus padres cantaron cuando todo empezó a moverse.

Vagones rojos del tren nocturno Flecha Roja entre Moscú y San Petersburgo

Dormir en un tren ruso y despertar a mil kilómetros

A las once y cincuenta y cinco de la noche, en el andén de la estación Leningradski, suena la música de siempre y el tren rojo arranca hacia San Petersburgo. Dentro, la revisora ya ha repartido las sábanas, alguien ha sacado el té y en el compartimento de al lado empieza una conversación que durará hasta Tver. Al amanecer, el viajero bajará en otra ciudad sin haber perdido un día: es la ventaja del tren nocturno.

En Rusia el tren nocturno no es una rareza para nostálgicos: es la forma normal de cubrir distancias que en Europa obligarían a coger un avión.

Las clases, explicadas

  • Platskart. Vagón abierto de literas, sin puertas: seis plazas por módulo, cuatro a un lado del pasillo y dos al otro. Es la opción más barata y la más social.
  • Kupé. Compartimentos cerrados de cuatro literas. El equilibrio entre precio, intimidad y ambiente; la elección más habitual para viajeros extranjeros.
  • SV. Compartimento de dos plazas, más espacioso. Algunas líneas añaden categorías superiores con baño propio.
Interior de un vagón platskart ruso, con literas abiertas a ambos lados del pasillo
Un vagón platskart. Foto: Michail Kalegin (Wikimedia Commons, CC0).

La provodnitsa y el agua caliente

Cada vagón tiene su revisor o revisora, la provodnitsa, que comprueba billetes y pasaportes al subir, reparte la ropa de cama, vende té y mantiene el orden. Conviene llevarse bien con ella. En un extremo del vagón hay una caldera de agua caliente, heredera del viejo samovar, siempre disponible para el té, la sopa instantánea o los fideos que media Rusia lleva en la maleta.

El té se sirve en vaso de cristal dentro de un podstakánnik, el portavasos metálico que se ha convertido en símbolo del viaje en tren. Muchos viajeros se lo llevan de recuerdo: se pueden comprar a bordo.

Consejos prácticos para el tren nocturno

  • Las literas de abajo son más cómodas y tienen un cajón para el equipaje debajo; las de arriba, más intimidad.
  • Lleva comida y algo para compartir: el tren es un lugar de conversación.
  • Ropa cómoda y chanclas: la gente se cambia nada más subir.
  • El billete es nominativo y se comprueba con el pasaporte; tenlo a mano.
  • Comprueba en el billete la hora y la estación de salida: en Moscú hay nueve estaciones de largo recorrido.

Cómo reservar

Los billetes los vende Ferrocarriles Rusos (RZD) en su web y en su aplicación oficial, además de en las taquillas de las estaciones, donde basta presentar el pasaporte. La web y la aplicación de RZD cobran a través de la red de pagos rusa, y las tarjetas Visa o Mastercard emitidas fuera de Rusia suelen ser rechazadas. Lo más seguro es comprar el billete en taquilla en efectivo, pagar con una tarjeta de un banco ruso o recurrir a una agencia que acepte pago desde el extranjero. Conviene reservar con antelación en verano y en los trenes con nombre propio, como la Flecha Roja. Y si es el primer viaje, la guía para viajar a Rusia en 2026 resuelve antes las dudas de dinero y papeles.

Preguntas frecuentes

¿Está incluida la ropa de cama?

Sí. La provodnitsa la reparte al subir y se recoge al final del trayecto; el precio del billete ya la incluye.

¿Puedo comprar el billete con una tarjeta española?

En la web de RZD, casi nunca. Lo más fiable es la taquilla de la estación, en efectivo o con una tarjeta rusa, o una agencia que acepte pago desde el extranjero.

¿Qué diferencia hay entre platskart y kupé?

El platskart es un vagón abierto de 54 literas, sin puertas, más barato y más social. El kupé es un compartimento cerrado de cuatro, con más intimidad y más precio.

Para trayectos largos, el Transiberiano sigue siendo la gran aventura: casi siete días de Moscú a Vladivostok en el tren Rossiya. Pero no hace falta tanto para entender el encanto. Basta una noche en litera entre Moscú y San Petersburgo para descubrir que en Rusia el viaje empieza al subir al tren, no al bajar de él.

Interior de la terminal B del aeropuerto de Sheremétievo, en Moscú

Cómo conseguir el visado electrónico para Rusia en cuatro días

El PDF ocupa una pantalla de móvil y lleva un código QR. No es un billete, ni una reserva de hotel, ni una carta de invitación: es el visado. Hace una semana, el viajero que hoy hace cola en el control de pasaportes de Sheremétievo rellenó un formulario en internet y pagó con tarjeta; hoy ese papel le abre la frontera. Así funciona el visado electrónico unificado de Rusia.

Es la forma más sencilla de entrar en el país para los ciudadanos de España y de otros muchos países. Estos son los datos que publica el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso en su portal oficial, verificados en octubre de 2026. Las normas cambian con cierta frecuencia, así que conviene comprobarlas siempre antes de viajar.

Lo esencial

  • Quién puede pedirlo: ciudadanos de 64 países, entre ellos España.
  • Validez: 120 días desde la fecha de emisión.
  • Estancia máxima: 30 días desde la entrada. El día de llegada y el de salida cuentan como dos días completos.
  • Entradas: una sola.
  • Precio: algo más de 60 dólares, tasas incluidas. La tarifa subió cerca de un 18% el 14 de octubre de 2026, así que conviene comprobar el importe exacto en el portal antes de pagar. Para los menores de seis años solo se pagan unos 2 dólares de gastos de transacción.
  • Plazo: se emite en un máximo de cuatro días naturales; hay que solicitarlo al menos cuatro días antes de la fecha de entrada.
  • Cuándo se puede pedir: como muy pronto, 86 días antes de la fecha de entrada.
  • Documentación: una fotografía digital y el escaneo de la página de datos del pasaporte. No hace falta invitación ni reserva de hotel. La ley exige, en cambio, un seguro médico válido en Rusia durante toda la estancia: el formulario apenas lo pide, pero en la frontera puede pedirse.
Interior de la terminal B del aeropuerto de Sheremétievo, en Moscú
La terminal B del aeropuerto de Sheremétievo. Foto: MBH (Wikimedia Commons, CC BY 4.0).

Paso a paso

En la práctica, el trámite se parece más a rellenar un formulario de aduana que a solicitar un visado: se tarda menos en pagar que en reunir la foto y el escaneo del pasaporte a la medida que pide el portal.

  1. Rellenar el formulario en el portal oficial del visado electrónico o en su aplicación móvil.
  2. Pagar en línea. El portal acepta tarjetas internacionales para esta tasa; el pago no se devuelve aunque se deniegue el visado.
  3. Recibir la notificación por correo o en la web. Si no llega en unas horas, conviene revisar también la carpeta de correo no deseado.
  4. Imprimir la notificación o guardarla en el móvil.
  5. Mostrarla a la compañía de transporte y al guardia de fronteras.

Por dónde se puede entrar

El visado electrónico solo es válido en los pasos fronterizos autorizados por el Gobierno ruso, una lista que no ha dejado de crecer y que ya supera el centenar. Incluye los grandes aeropuertos de Moscú, Sheremétievo, Vnúkovo y Domodédovo, el de Púlkovo en San Petersburgo y los de muchas otras ciudades, además de puertos y algunos pasos terrestres. Antes de comprar el billete hay que confirmar en el portal que el punto de entrada y el de salida figuran en la lista.

Con el visado resuelto quedan dos frentes: llegar y moverse. La guía para viajar a Rusia en 2026 cubre los vuelos con escala, el dinero en efectivo y el registro de viajeros; el tren nocturno explica cómo reservar litera sin tarjeta europea.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto se tarda en conseguir el visado electrónico?

El portal lo emite en un máximo de cuatro días naturales. Se puede pedir entre 86 y 4 días antes de la fecha de entrada.

¿Se puede entrar por tierra con el visado electrónico?

Solo por los pasos que figuran en la lista oficial. La mayoría de los terrestres quedan fuera, y los de Kazajistán y Bielorrusia exigen visado ordinario.

¿Qué pasa si me lo deniegan?

La tasa no se devuelve y el portal no suele explicar el motivo. Se puede volver a solicitar corrigiendo los datos, con margen sobre la fecha de viaje.

El visado electrónico ha simplificado mucho lo que antes era el trámite más engorroso de un viaje a Rusia. Bien preparado, se resuelve en una tarde. El único error caro es confiarse: un día mal contado en la estancia o un aeropuerto que no figura en la lista pueden arruinar el viaje antes de empezar.

Vista panorámica de la terminal del aeropuerto de Vnúkovo, en Moscú

Qué hay que saber antes de viajar a Rusia en 2026

El vuelo de Madrid aterriza en Estambul a media tarde. En la pantalla de conexiones, entre Bakú y Tiflis, aparece Moscú-Vnúkovo. Cuatro horas más tarde, el viajero cambia euros en el aeropuerto, porque sabe que su tarjeta no le servirá de nada al otro lado. Viajar a Rusia sigue siendo posible, pero ya no se parece a un viaje cualquiera por Europa.

Esta guía reúne lo práctico, sin entrar en política: cómo llegar, cómo pagar y qué papeles hacen falta. Los datos se han verificado en octubre de 2026 y pueden cambiar en cualquier momento, así que conviene revisarlos antes de comprar nada.

Antes de nada: la recomendación oficial

El Ministerio de Asuntos Exteriores español mantiene en sus recomendaciones de viaje el consejo de valorar no viajar a Rusia, por las dificultades de transporte y bancarias. Quien decida ir debe saberlo y registrarse en el Registro de Viajeros del ministerio.

Cómo llegar

Desde 2022 no hay vuelos directos entre la Unión Europea y Rusia: el espacio aéreo está cerrado en ambos sentidos. Hay que volar con escala en un país tercero. Las combinaciones más habituales desde España son:

  • Estambul, con Turkish Airlines o Pegasus, la ruta más utilizada.
  • Dubái, con aerolíneas del Golfo.
  • Belgrado, con Air Serbia.
  • Otras escalas posibles en el Cáucaso y Asia Central, como Ereván o Bakú.

Las aerolíneas de esos países suelen aceptar tarjetas españolas para comprar sus billetes. Las webs de las aerolíneas rusas, en cambio, no suelen admitirlas. Por tierra, todos los pasos fronterizos entre Finlandia y Rusia están cerrados desde el 15 de diciembre de 2023, y el Gobierno finlandés ha prorrogado el cierre hasta nuevo aviso; conviene informarse bien antes de planear cualquier otro paso terrestre.

Vista panorámica de la terminal del aeropuerto de Vnúkovo, en Moscú
La terminal del aeropuerto de Vnúkovo. Foto: Dmitry Boyarin (Wikimedia Commons, CC BY 2.0).

El dinero

Es la parte que más sorprende. Según Exteriores, las tarjetas Visa, Mastercard y American Express emitidas fuera de Rusia no funcionan en el país, ni para pagar ni para sacar dinero. Eso incluye las de bancos online.

  • Llevar efectivo suficiente para todo el viaje y cambiarlo en Rusia.
  • Ojo con el efectivo en euros. El Reglamento (UE) 833/2014 prohíbe exportar billetes en euros a Rusia. Hay una excepción para el dinero de uso personal del viajero y de sus familiares directos, y solo para los gastos del propio viaje. Conviene llevar una cantidad razonable y confirmarlo en la aduana antes de salir.
  • Algunos visitantes abren una tarjeta del sistema ruso Mir al llegar; es una opción que conviene consultar con antelación.
  • Reservar el alojamiento a través de plataformas que acepten pago desde el extranjero o pagar en destino.

Los papeles

Los ciudadanos españoles necesitan visado. La opción más sencilla es el visado electrónico unificado, que se pide en línea y permite estancias de hasta 30 días; lo explicamos en detalle en nuestra guía del visado electrónico para Rusia. Para moverse después por el país, el tren nocturno sigue siendo la opción más cómoda y la más rusa.

Preguntas frecuentes

¿Funcionan las tarjetas españolas en Rusia?

No. Las Visa, Mastercard y American Express emitidas fuera del país no sirven para pagar ni para sacar dinero, tampoco las de bancos online.

¿Hay vuelos directos de España a Rusia?

No desde 2022. Hay que volar con escala en Turquía, los Emiratos, Serbia o el Cáucaso.

¿Cuánto efectivo se puede llevar?

La Unión Europea permite el dinero necesario para los gastos del viaje. En la aduana rusa hay que declarar a partir del equivalente a 10.000 dólares.

Viajar a Rusia exige hoy más planificación que hace unos años, y cada viajero debe valorar la recomendación oficial. Para quien decide ir, la clave cabe en una línea: escala bien elegida, visado en regla y dinero en efectivo en el bolsillo. El resto de guías prácticas está en Viajar. Con eso resuelto, lo demás vuelve a ser un viaje.