Al caer la tarde, desde el puente que cruza el Moscova junto al Kremlin, la torre de la Kotelnicheskaya se recorta contra el cielo como un pastel de bodas de piedra. A la izquierda asoma otra aguja, y a lo lejos, en las colinas del suroeste, una tercera. Quien llega a Moscú por primera vez tarda poco en descubrir que esas siluetas se repiten: siete torres casi gemelas, con su estrella en lo alto, que los moscovitas llaman las Siete Hermanas.
Son los rascacielos que Stalin mandó levantar después de la guerra. Más que edificios, fueron una declaración: la capital del país vencedor debía tener un perfil a la altura, y debía tenerlo sin copiar a Nueva York.
Una ciudad que quería verse desde lejos
La decisión llegó en enero de 1947, y las primeras piedras se colocaron a la vez el 7 de septiembre de ese mismo año, cuando Moscú celebraba sus ochocientos años. Según la cronología más citada, las obras se alargaron hasta 1957. El plan original preveía ocho torres; la octava, en Zariádiye, junto al Kremlin, nunca pasó de los cimientos, que de acuerdo con la versión más extendida sirvieron años después para el hotel Rossiya.
La fórmula se repite en todas: un cuerpo central escalonado que sube hacia una aguja, alas laterales simétricas, piedra y cerámica claras, remates góticos y detalles de las torres del Kremlin. Por dentro, acero; por fuera, una mezcla de neoclasicismo, rascacielos americano de los años veinte y nostalgia de la vieja Moscú.

Las siete, una por una
- Universidad Estatal de Moscú, en las colinas de los Gorriones. La mayor y la más alta: 240 metros con la aguja. Suele decirse que durante décadas fue el edificio más alto de Europa.
- Ministerio de Asuntos Exteriores, en la plaza Smolénskaya. Sigue siendo sede del ministerio.
- Edificio de la Kotelnicheskaya, en la confluencia del Moscova y el Yauza. Viviendas, cine y tiendas en la planta baja.
- Edificio de la plaza Kúdrinskaya, frente al zoo. Otro bloque residencial de prestigio.
- Hotel Ucrania, junto al Moscova, frente a la Casa Blanca. Sigue funcionando como hotel.
- Hotel Leningrádskaya, en la plaza de las tres estaciones. Suele considerarse el más pequeño de los siete y el más recargado por dentro.
- Edificio de las Puertas Rojas, junto a la estación de metro Krasnye Vorota. Oficinas ministeriales y viviendas.
Dónde está cada una
Las Siete Hermanas no forman un conjunto: están repartidas en un gran anillo alrededor del centro, a propósito, para que desde cualquier punto de la ciudad se viera al menos una. Tres de ellas, la de Exteriores, la de la Kúdrinskaya y la de las Puertas Rojas, se asoman al Anillo de los Jardines y se pueden enlazar en un paseo largo; la universidad exige un viaje de metro hasta Universitet o Vorobiovy Gory. El mapa marca la torre principal de la universidad, la más visitada.
Casi todas se pueden ver de cerca, pero no todas por dentro. Los dos hoteles, el Ucrania y el Leningrádskaya, son los más fáciles de ver por dentro. En la universidad, el acceso al edificio principal está restringido. La Kotelnicheskaya y la Kúdrinskaya son viviendas, y lo mejor de ellas está en la calle y en el muelle.
Lo que queda de la idea
Durante el deshielo de Jruschov se criticó el exceso decorativo de aquellos edificios, y la arquitectura soviética giró hacia el bloque prefabricado. Pero las torres ya estaban hechas y se quedaron como referencia. Hoy comparten horizonte con los rascacielos de cristal de Moscow City, que las superan con mucho en altura y no en presencia.
Esa es la paradoja de las Siete Hermanas: nacieron como propaganda de un régimen y acabaron convertidas en el símbolo más reconocible de la ciudad, por encima de cualquier torre moderna. Para entender Moscú desde lejos, no hay mejor brújula que buscar con la mirada la próxima aguja.
























