Al dar la hora en punto, junto a la llama que arde frente a la muralla del Kremlin, dos soldados del regimiento presidencial levantan la pierna hasta la horizontal y avanzan a cámara lenta. Los turistas sacan el móvil; una pareja de recién casados deja flores sobre el granito. A pocos metros, los niños corren por el césped y los oficinistas comen en los bancos. Todo eso cabe en los Jardines de Alejandro.
Los Jardines de Alejandro son el parque más céntrico de Moscú: una franja verde entre la muralla roja del Kremlin y la plaza del Manège, abierta al público desde 1823. Pocos lugares de la ciudad mezclan con tanta naturalidad el paseo y la memoria.
Un jardín sobre un río
Bajo los parterres corre el Neglinnaya, el río que defendía el flanco occidental del Kremlin. Tras el incendio de 1812, cuando Moscú se reconstruía, el río se encauzó bajo tierra y el arquitecto Ósip Bove diseñó sobre él, entre 1821 y 1823, un jardín en tres tramos: el Superior, el Medio y el Inferior. El nombre homenajea a Alejandro I, el zar de la victoria sobre Napoleón.
De aquella época queda la gruta de las Ruinas, al pie de la torre del Arsenal Medio, decorada con fragmentos de los edificios destruidos en la guerra. Era un recuerdo romántico del desastre, y todavía funciona como tal.

La llama del soldado desconocido
En el Jardín Superior está la Tumba del Soldado Desconocido. Guarda los restos de un combatiente caído en la defensa de Moscú en 1941, trasladados aquí en diciembre de 1966, y su llama eterna arde desde el 8 de mayo de 1967. A lo largo de la muralla, bloques de pórfido rojo recuerdan a las ciudades héroe de la guerra. El relevo de la guardia se hace cada hora, de ocho de la mañana a ocho de la tarde, y es, para muchos visitantes, la escena más emocionante de Moscú.
Muy cerca se alza el obelisco erigido en 1914 por los trescientos años de la dinastía Románov. Los bolcheviques lo reconvirtieron en monumento a los pensadores revolucionarios, y en noviembre de 2013, tras su restauración, recuperó su aspecto original. Pocas piezas resumen mejor el siglo XX ruso.
Dónde está y cómo se visita
Los jardines se extienden a lo largo de la muralla occidental del Kremlin, entre la plaza del Manège y el muelle del Moscova. Las estaciones de metro Aleksándrovski Sad, Biblioteka ímeni Lénina, Arbátskaya y Bórovitskaya dejan a dos pasos. La entrada es libre. Por aquí, a través de la torre Kutafia y el puente de la Trinidad, se accede también a la visita del Kremlin.
- Metro: Aleksándrovski Sad, Biblioteka ímeni Lénina, Arbátskaya y Bórovitskaya dejan a dos pasos.
- Entrada: libre y gratuita. Solo se paga la visita al Kremlin, cuyas taquillas están junto a la torre Kutafia.
- Arbat: desde la torre Kutafia, la calle Arbat queda a un paseo corto hacia el oeste.

Preguntas frecuentes
¿Hay que pagar para entrar en los Jardines de Alejandro?
No. El jardín es de acceso libre y gratuito; solo se paga la visita al Kremlin, cuyas taquillas están junto a la torre Kutafia.
¿A qué hora es el cambio de guardia?
Cada hora en punto, de ocho de la mañana a ocho de la tarde. Dura unos minutos y no hace falta reservar.
¿Cuánto tiempo hace falta para verlos?
Una hora basta para recorrer los tres tramos y ver la Tumba del Soldado Desconocido. Con dos, se puede añadir la gruta de las Ruinas y bajar al muelle del Moscova. Para seguir con la ciudad, la sección de Lugares reúne el resto.
Hay parques más grandes y más bonitos en Moscú, pero ninguno tan bien situado. Los Jardines de Alejandro son el lugar donde la ciudad se sienta a descansar a la sombra del poder y, al mismo tiempo, a recordar a sus muertos. Merece la pena volver a distintas horas: el mismo banco cuenta historias diferentes por la mañana y al caer la noche.



























