El 23 de octubre de 1963, en Wembley, Inglaterra jugaba el partido del centenario contra un combinado del Resto del Mundo. Ganaron los anfitriones, 2-1. Lev Yashin, bajo los palos del combinado, no encajó ninguno de esos goles y se llevó una ovación que las crónicas de la época todavía cuentan. Llevaba el mono negro de pies a cabeza y, a veces, la gorra de lana. Un día antes había cumplido 34 años: nació en Moscú el 22 de octubre de 1929.
De esa figura salieron los apodos: Araña Negra, y también Pantera Negra. El mono daba la sensación de que llegaba a todo, y no era solo el color. Anticipaba, gritaba a la defensa, sacaba en corto o en largo y salía del área con una naturalidad que entonces resultaba casi una provocación. Muchos porteros esperaban el remate pegados a la línea. Yashin entendía la portería como el primer paso del ataque.

El oficio de antes del mono
Venía de una familia obrera de Moscú. La guerra lo sacó de la ciudad: a los doce años acompañó a su padre a Uliánovsk, adonde habían evacuado la fábrica. A los dieciséis recibió la medalla «Por el trabajo valiente en la Gran Guerra Patria». El fútbol llegó por el ejército. En las tropas interiores de Moscú jugó en equipos del Dinamo hasta que Arkadi Chernyshev lo fichó para la cantera, y desde entonces no cambió de camiseta. Entre 1950 y 1970 —la despedida fue en 1971— fue un hombre de un solo club, el Dinamo de Moscú.
El relevo no fue limpio. El titular se llamaba Alekséi «el Tigre» Jómich, y mientras esperaba Yashin se puso también bajo los palos del hockey sobre hielo. En 1953 ganó la Copa de la URSS de ese deporte. Cuando Jómich se lesionó, la portería del fútbol quedó libre. La afición tardó en darlo por bueno. El campo, no.

El otoño en que cambió el relato
Chile 1962 le había dejado un poso amargo. Parte de la prensa lo señaló tras la eliminación, y en la portería un fallo se recuerda más que cien intervenciones. El año siguiente cambió el relato. En diciembre de 1963 France Football le concedió el Balón de Oro. Ningún otro portero lo ha recibido. Wembley, ese mismo otoño, había sido la víspera: el mismo mono, ya no como el señalado de Chile sino como la medida del oficio.
Con la selección sumó 74 partidos: el oro de Melbourne en 1956, el primer Campeonato de Europa en 1960 —el formato aún no era el de ahora— y el subcampeonato de 1964. Jugó los Mundiales de 1958, 1962 y 1966; en Inglaterra la URSS acabó cuarta, lo más lejos que llegó. En México 1970 viajó de tercer portero y apoyo técnico. Ir en la expedición no es jugar, aunque el mito suela confundirlo. Con el Dinamo ganó las ligas de 1954, 1955, 1957, 1959 y 1963, y las Copas de 1953, 1967 y 1970.
La primera parte en Luzhnikí
El 27 de mayo de 1971, ante más de cien mil personas en Luzhnikí, un combinado del Dinamo se midió con un once en el que estaban, entre otros, Eusébio, Bobby Charlton y Gerd Müller. Yashin jugó la primera parte, dejó la portería a cero y salió a los 41 años. El relevo encajó después. El marcador había dejado de ser el asunto de la tarde.
Los últimos años fueron duros. En 1986, tras una tromboflebitis, le amputaron una pierna. Murió en Moscú el 20 de marzo de 1990, de un cáncer de estómago, y tuvo funerales de Estado como Maestro de Honor del Deporte de la URSS. La IFFHS lo eligió mejor portero del siglo XX, y desde 2019 el Balón de Oro entrega cada año el Trofeo Yashin al mejor portero. El premio alarga el apellido. Wembley, en cambio, cabe en una frase: no se quedaba a esperar el disparo.


























