Fachada de la estación Kazanski de Moscú, con su torre inspirada en la arquitectura de Kazán

Nueve estaciones para salir de Moscú hacia cualquier rincón del país

En la plaza Komsomólskaya, a media noche, tres relojes marcan la misma hora en tres fachadas distintas. A un lado sale el tren hacia San Petersburgo; enfrente, el que tardará una semana en llegar al Pacífico; un poco más allá, el que va hacia Kazán y el Volga. Entre ellos se cruzan maletas, abuelas con bolsas de comida y soldados de permiso. Es la llamada plaza de las tres estaciones, y es el mejor sitio para entender cómo funciona Moscú.

La capital tiene nueve grandes estaciones históricas, a las que en 2021 se sumó una décima, la Vostochni, en Cherkízovo. En las nueve clásicas la regla es sencilla: cada una lleva el nombre de la dirección hacia la que salen sus trenes, no del lugar donde está. En Moscú, una estación es una puerta, y el nombre dice hacia dónde se abre.

La plaza de las tres estaciones

La Leningradski es la más antigua. La proyectó Konstantín Ton, se construyó entre 1844 y 1849 para la línea que unía Moscú y San Petersburgo, y su edificio tiene un gemelo casi exacto al otro extremo de la vía. Enfrente está la Yaroslavski, con su fachada de cuento ruso firmada por Fiódor Schéjtel en 1904: de aquí parte el Transiberiano, el tren que cruza el país hasta Vladivostok y del que ya contamos su centenario. La tercera es la Kazanski, de Alekséi Shchúsev, con una torre que imita la de la fortaleza de Kazán.

La estación Leningradski de Moscú, de fachada clásica con torre del reloj
La estación Leningradski. Foto: Mike1979 Russia (Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0).

La plaza está junto a la estación de metro Komsomólskaya, una de las más suntuosas de la red. Se recorre a pie en pocos minutos, aunque cruzar sus avenidas exige paciencia y pasos subterráneos.

Las otras seis puertas

  • Kíevski, junto al Moscova: trenes hacia el suroeste y el Aeroexpress a Vnúkovo. Su torre del reloj es una de las más fotografiadas de la ciudad.
  • Bielorusski: la puerta del oeste, hacia Smolensk y Minsk, y salida del Aeroexpress a Sheremétievo. Según la memoria popular, de aquí salieron los soldados en 1941 y aquí volvieron en 1945.
  • Kurski: trenes hacia el sur y hacia el este, con un edificio moderno de cristal que, según se cuenta, envuelve la fachada antigua.
  • Paveletski: hacia el sureste y el bajo Volga, además del Aeroexpress a Domodédovo.
  • Rizhski: nació para la línea de Riga y hoy mueve sobre todo trenes de cercanías.
  • Saviólovski: la más modesta, con trenes hacia el norte de la región de Moscú.

Conviene comprobar siempre en el billete de qué estación sale el tren: la confusión entre estaciones es el error más común del viajero, y entre algunas de ellas hay media hora de metro.

Fachada de la estación Kazanski de Moscú, con su torre inspirada en la arquitectura de Kazán
La estación Kazanski, en la plaza Komsomólskaya. Foto: Mike1979 Russia (Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0).

Arquitectura para salir de viaje

Las grandes estaciones se construyeron cuando el ferrocarril era la forma más moderna de ser ruso, y sus arquitectos lo sabían. Cada fachada habla del destino: la Yaroslavski recuerda al norte de madera y monasterios, la Kazanski mezcla torres tártaras y moscovitas, la Kíevski se viste de clasicismo imperial. Son edificios para despedirse a lo grande.

Por eso merecen una visita aunque no se vaya a coger ningún tren. Una hora en la plaza de las tres estaciones enseña más sobre el tamaño de Rusia que cualquier mapa: basta ver salir, en direcciones opuestas, un tren hacia el Báltico y otro hacia el Pacífico.