El barco que va de Sortavala a Valaam tarda poco más de una hora y atraviesa un archipiélago de granito y pinos que parece inventado. Al llegar, lo primero que se ve no es una isla salvaje: es un edificio blanco de cinco cúpulas, un muelle, turistas y una valla. Detrás de la postal, este trozo de Carelia ha sido monasterio, cuartel, granja y casa de inválidos en menos de un siglo.
Valaam es la isla mayor del lago Ladoga, el más grande de Europa, a unos cuarenta kilómetros de la frontera finlandesa. El conjunto monástico, dedicado a la Transfiguración, es stauropégico: depende directamente del patriarca de Moscú, sin obispo intermedio. Y su historia, como casi todo en estas latitudes, se entiende mejor por interrupciones que por continuidad.

Un origen que nadie fecha
La tradición hace fundadores a dos monjes, Sergio y Germán, llegados según algunas versiones en el siglo X y según otras en el XIV. Lo cierto es que el monasterio no aparece en documentos hasta el siglo XVI, y de ahí las horquillas. Las reliquias de los dos santos siguen bajo el suelo de la iglesia inferior del templo principal, y esa presencia explica por qué el lugar se considera uno de los centros del monacato ortodoxo ruso.
Finlandia, la guerra y el silencio
Tras la independencia finlandesa de 1917, Valaam quedó dentro de Finlandia y el monasterio pasó a ser el más importante de la Iglesia ortodoxa finesa, con liturgia en finés y un periodo de tensiones internas que duró décadas. En la Guerra de Invierno, la isla entró en zona de combate: fue bombardeada en enero y febrero de 1940 y el 6 de febrero los monjes y el abad salieron en camiones militares, dejando atrás a cinco personas. La comunidad se instaló en Heinävesi, en el continente, donde fundó un nuevo monasterio que sigue activo.
Después de 1944 la isla fue base militar soviética y escuela de la Marina. Luego, granja estatal y residencia para inválidos de guerra. Durante medio siglo, el monasterio fue un edificio público más: se entraba a trabajar, no a rezar.
El regreso, en diciembre de 1989
El 19 de septiembre de 1989 el Consejo de Ministros de la república de Carelia firmó la devolución de los edificios a la Iglesia ortodoxa rusa. En diciembre, en la fiesta de san Andrés, llegaron los primeros monjes. Durmieron, según las crónicas del propio monasterio, en el antiguo aislador de la residencia de inválidos. Desde entonces se ha restaurado casi todo: la catedral, los sketes repartidos por la isla, los caminos, los huertos.
La isla que se visita
Valaam recibe excursionistas en verano, con horarios de barco que dependen del tiempo en el Ladoga. El monasterio pide silencio y ropa discreta, y hay zonas cerradas a la visita. Se puede dormir en el hotel del propio monasterio y comer en sus refectorios: es la manera más sencilla de ver la isla cuando los grupos ya se han ido, al atardecer, con las cúpulas todavía encendidas.
Para viajar a Rusia conviene revisar antes el visado y las condiciones de entrada, que cambian con frecuencia. Y si interesa la Rusia que se recorre en barco y en tren, Sitka y el Alaska que se perdió es la otra cara del mapa. Más destinos, en Lugares.
