El barco salta sobre el Onega durante una hora y media larga y, cuando por fin dobla la punta sur de la isla, aparece de golpe: una montaña de madera gris con veintidós cúpulas que se superponen como escamas. No hay transición. El pasajero que va en cubierta mira el agua y, un segundo después, mira hacia arriba.
Esto es Kizhi, a unos sesenta kilómetros al noreste de Petrozavodsk, en la Carelia rusa. Un recinto de dos iglesias y un campanario de madera que la UNESCO inscribió en 1990 y que sigue siendo la mejor respuesta a quien cree que la arquitectura monumental necesita piedra. Es la iglesia de Kizhi lo que la gente viene a ver, y no decepciona.
Los números que importan
La iglesia de la Transfiguración se levantó en 1714. La fecha no es una estimación: el altar se colocó el 6 de junio de ese año y así consta en la cruz que hay dentro. Mide 37 metros hasta la punta de la cúpula central, tiene veintidós cúpulas y está montada sobre un armazón octogonal de troncos de pino de unos treinta centímetros de diámetro.
Las cúpulas no son de metal. Están cubiertas de tejuelas de álamo temblón cortadas a mano, que con el tiempo se oxidan a un gris plateado y cambian de tono según la luz. El interior está sin calentar y, por eso, la llaman iglesia de verano: durante siglos solo se ofició allí en la estación cálida.
La leyenda del maestro Néstor
La tradición dice que el carpintero que la levantó, un tal Néstor, terminó el trabajo, subió a la cúpula más alta y lanzó su hacha al lago. Lo que quería decir era que no habría otra igual. También se repite que la iglesia se construyó sin un solo clavo. La parte del hacha es leyenda; la del clavo merece un matiz, porque las tejuelas se sujetan con piezas metálicas pequeñas. Lo que sí se sostiene sin discusión es lo asombroso: miles de troncos traídos desde el continente, encajados sin planos ni hierro estructural, en un lugar al que todo llegaba en barco.
Cuarenta años de andamios
La madera envejece y se deforma. En 1980 los especialistas declararon la iglesia en mal estado y empezó una discusión que duró dos décadas: desmontarla o sujetarla por dentro. Ganó lo segundo. Desde 2011 se introdujo un esqueleto metálico que sostiene la estructura mientras se sustituyen las piezas dañadas, sin desarmar el edificio. De las aproximadamente 40.000 tejuelas del tejado se restauró una por una, y al final solo se cambió el 36 % de la madera.
La iglesia reabrió al público en julio de 2021, después de cuarenta años cerrada. Hoy solo acoge una liturgia al año, el 19 de agosto, fiesta de la Transfiguración. El resto de los días es un monumento: se entra, se mira hacia arriba y se sale en silencio.
Cómo llegar
Se llega en barco desde Petrozavodsk, con hidroalas que salen por la mañana y vuelven por la tarde, o en los cruceros fluviales que suben desde el Neva. La isla tiene un museo al aire libre con edificios de madera traídos de toda la región, y en verano conviene reservar con días de antelación: es uno de los destinos escolares y turísticos más solicitados de Carelia.
Quien vaya buscando la estela de la arquitectura religiosa rusa puede seguir por la iglesia de Koloménskoye, que apuntaba al cielo con piedra en lugar de madera, o recorrer el resto de nuestros lugares.
