Pokrov: el velo que cerraba el otoño ruso

En las aldeas del norte de Rusia, la mañana del 14 de octubre las muchachas iban a la iglesia antes que nadie. Encendían una vela y, según el dicho que repetían sus abuelas, pedían al Pokrov que cubriera la tierra de nieve y a ellas les trajera un novio. Fuera, los campos ya estaban segados, el grano en el granero y el ganado de vuelta al establo. Ese día, la fiesta de la Protección de la Madre de Dios, el otoño se daba por cerrado.

La palabra lo dice todo. Pokrov es a la vez «protección» y «cubierta», el manto que tapa. Y sobre esa doble lectura, la celestial y la de la primera nevada, la Rusia campesina levantó una de sus fiestas más queridas. Es una fiesta que tiene poco de rusa en su origen y que, sin embargo, en ningún otro sitio se vivió como allí.

Una visión en Constantinopla

La escena original ocurre lejos, en el siglo X, en la iglesia de las Blanquernas de Constantinopla. Durante una vigilia, Andrés el Loco por Cristo, un asceta que vivía como un mendigo, ve a la Virgen avanzar en el aire sobre los fieles y extender su velo sobre ellos. Solo lo ve él y su discípulo Epifanio. En Bizancio la visión quedó como un episodio piadoso más. Los griegos no le dedicaron una gran fiesta.

Fue la Rus la que sí lo hizo. La celebración aparece en el siglo XII, y la tradición la vincula al príncipe Andréi Bogoliubski, el señor de Vladímir que quería una devoción propia para su tierra. A él se atribuye la iglesia que mejor la representa: la de la Protección en el Nerl, levantada en un prado inundable cerca de Bogoliúbovo. La tradición la fecha en 1165, aunque varios investigadores la adelantan a 1158. Blanca, pequeña y sola sobre su colina artificial, hoy forma parte de los monumentos blancos de Vladímir y Súzdal que la UNESCO declaró patrimonio mundial.

Icono ruso del Pokrov de 1399: la Madre de Dios extiende su velo sobre los fieles reunidos en una iglesia
Icono del Pokrov, 1399. Autor anónimo (Wikimedia Commons, dominio público).

Los iconos rusos del Pokrov fijaron la escena con una composición casi fija. Arriba, la Virgen con el velo entre las manos; debajo, la iglesia llena de santos y fieles; en un rincón, Andrés señalando la visión a Epifanio. Es un cuadro de multitud protegida, y esa idea de amparo colectivo explica buena parte de lo que vino después.

La fiesta que pasó al calendario agrícola

El 1 de octubre del calendario juliano, que la Iglesia ortodoxa rusa sigue utilizando, cae hoy en el 14 de octubre. En el campo, esa fecha coincidía con el final real de las faenas. Se cobraban las deudas, se ajustaban los jornaleros, se sellaban las ventanas para el invierno. Si nevaba en el Pokrov, se decía, el invierno llegaría pronto.

Y empezaba la temporada de bodas. Con la cosecha recogida había comida y tiempo para la celebración, así que el Pokrov abría el periodo de los casamientos, que se prolongaba hasta la Cuaresma de Navidad. De ahí las peticiones de las muchachas en la iglesia, y de ahí también el tono de la fiesta, mitad religioso, mitad de feria y casamentera.

La iglesia blanca de la Protección de la Madre de Dios en el Nerl, junto a Bogoliúbovo, entre prados
La iglesia de la Protección en el Nerl, cerca de Bogoliúbovo. Foto: Alexxx1979 (Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0).

Un manto sobre la Plaza Roja

La idea del amparo tuvo pronto una lectura militar. El asalto decisivo de las tropas de Iván el Terrible contra Kazán empezó el 1 de octubre de 1552, el mismo día del Pokrov, y la ciudad cayó al día siguiente. El zar mandó levantar en Moscú un templo en acción de gracias. Su nombre oficial es catedral de la Protección de la Madre de Dios en el Foso, aunque el mundo entero la conoce como la catedral de San Basilio. El edificio más fotografiado de Rusia es, en el fondo, una iglesia del Pokrov.

Desde entonces la fiesta ha acompañado otras guerras y otras devociones, y las iglesias dedicadas a la Protección se cuentan por miles, de los monasterios a las aldeas más pequeñas. Muchas sobrevivieron como almacenes en época soviética y han vuelto a abrir. La fiesta, entretanto, siguió viva en los refranes, que no necesitaban permiso.

Lo que hace singular al Pokrov es justamente esa mezcla. Una visión bizantina que los propios bizantinos dejaron en segundo plano acabó convertida, en otro clima y a otra latitud, en la frontera entre el trabajo y el invierno, entre la soltería y la boda. Pocas fiestas muestran tan bien cómo Rusia hacía suyo lo que recibía: el velo de Constantinopla terminó siendo, sencillamente, la primera nieve sobre los campos segados.

Soy el artífice de que este sitio web funcione. Me fascina la historia de la Unión Soviética y Rusia, su cultura, sus tradiciones, su idioma (aunque con este último mantenga una relación de amor-odio). Me quedo con momentos históricos: todo lo que sucedió en el Frente Oriental de la Segunda Guerra Mundial y la Perestroika.