Icono ruso de Palekh del siglo XIX que representa la Exaltación de la Santa Cruz

Exaltación de la Cruz: el festivo ortodoxo del 27 de septiembre

En la vigilia, tras la gran doxología, sacan la Cruz del altar y la llevan al centro del templo. Si hay catedral o bendición del obispo, el celebrante la levanta hacia los cuatro puntos cardinales y la gente repite muchas veces «Señor, ten piedad»: Góspodi, pomíluy. Luego la Cruz queda en el analoy, el atril de veneración, para el beso y a menudo para la unción con óleo. Eso es el Vozdvízhenie. La palabra quiere decir elevación. No se representa un hallazgo: se muestra la Cruz.

Icono ruso de Palekh del siglo XIX que representa la Exaltación de la Santa Cruz
Exaltación de la Cruz. Icono de Palekh, siglo XIX (Wikimedia Commons, dominio público).

La Iglesia ortodoxa rusa lo celebra el 14 de septiembre del calendario juliano, que en el civil cae el 27. El desfase con el gregoriano es de trece días y seguirá así hasta 2100. El nombre largo es Exaltación de la Cruz honrada y vivificante del Señor; en ruso, Vozdvízhenie Krestá Gospodnia, y en el habla antigua se acortaba a Zdvizhénie. Es uno de los doce grandes festivos —los dvunadesiátye—, festivo del Señor, fijo, que no se mueve con la Pascua. Y es el único de esos doce que pide ayuno estricto el mismo día: sin carne, sin lácteos, sin huevos, sin pescado. El aceite vegetal suele admitirse. En 2026 el 27 de septiembre cayó en domingo, y el ayuno no se levantó por eso. La prefiesta es el 26; la postfiesta llega hasta el otdanie, la despedida del festivo, el 4 de octubre. Mientras dura, la Cruz sigue en el atril.

Lo que Eusebio no escribió

La fecha mira a Jerusalén. El 13 de septiembre de 335 se consagraron las iglesias del Santo Sepulcro; al día siguiente se fijó la conmemoración. El año nuevo eclesiástico —el nóvoletie, o indicta— empieza el 1 de septiembre juliano, el 14 civil, y la Cruz llega en esas primeras semanas, junto al Nacimiento de la Madre de Dios. La narrativa del culto sitúa hacia 326 a santa Elena, madre de Constantino, ante tres cruces halladas junto al Gólgota. La verdadera se habría reconocido por un milagro —una enferma, o un muerto, que revivió al contacto— y el patriarca Macario la habría alzado mientras se cantaba «Señor, ten piedad». También se recuerda la restitución de la reliquia bajo Heraclio, hacia 628-630, después del saqueo persa de 614.

Eusebio de Cesarea, en la Vida de Constantino, describe la limpieza del lugar y la iglesia. No menciona el hallazgo de la Cruz. El viaje de Elena y las obras constantinianas, Santo Sepulcro incluido, están bien atestiguados; la reliquia, no en ese libro. Las primeras alusiones aparecen hacia mediados del siglo IV, en Cirilo de Jerusalén. El relato completo, con Elena y el milagro, cuaja a finales de ese siglo y en historiadores del V. La autenticidad material de la Vera Cruz no se demuestra: es materia de fe y de culto. Lo que sí queda documentado es la veneración ya ritual en Jerusalén en los años 380, en el diario de Egeria. El rito de ahora no prueba la excavación. Repite un gesto: mostrar la Cruz a toda la asamblea, el que la tradición atribuye a Macario.

Del icono a Tyumen

Fachada de la iglesia Krestovozdvizhenskiy en Tyumen, barroco siberiano
Templo de la Exaltación de la Cruz en Tyumen. Foto: Yliya Medvedeva (Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0).

En el icono, el patriarca está sobre un ambo de escalones, la Cruz en alto; a menudo aparecen Elena y Constantino, y el fondo sugiere el Santo Sepulcro. El tema entra con fuerza en la fila festiva del iconostasio ruso entre los siglos XV y XVI. El tropario pide «Salva, Señor, a tu pueblo»; en la Liturgia, el Trisagio cede a menudo el paso a «Ante tu Cruz nos postramos, Señor». Hay templos enteros con esta advocación. El de Tyumen, barroco siberiano del siglo XVIII, enseña hasta dónde viajó el título.

La etnografía anota, con cautela, el nombre Zdvizhénie y los días rurales de preparar la col: temporada, no dogma. Lo sólido es la visita al templo, el ayuno y la veneración hasta el 4 de octubre. Un gran festivo que pide hambre, y una elevación que la liturgia repite aunque el historiador de Constantino no escribiera el hallazgo. El icono de Palekh y la fachada de Tyumen no prueban el siglo IV. Enseñan a una Iglesia que, cada 27 de septiembre, prefiere alzar la Cruz.