Figura de aguadora de Dýmkovo: falda de campana blanca y amarilla con flores pintadas y dos cubos

Los silbatos de barro que despedían el invierno

En el arrabal de Dýmkovo, al otro lado del río desde el centro de Kírov, las mujeres hacían figuras de barro para una feria de primavera. No eran adornos: eran silbatos. Caballos, jinetes, pájaros y señoras con faldas de campana que, al soplar, despedían el invierno. Los juguetes de Dymkovo siguen haciéndose hoy con el mismo barro rojo y la misma pintura de círculos, aunque ya nadie los use para llamar al buen tiempo.

La ciudad se llamó Viatka hasta 1934 y ahora se llama Kírov. El barrio conserva el nombre y el oficio. Allí, el barro local se mezcla con arena de río, se modela a mano, se seca y se cuece. Después viene lo que distingue a estas figuras de cualquier otra cerámica popular rusa. Se blanquean con tiza disuelta en leche, de modo que la superficie queda mate y brillante a la vez. Y solo entonces se pintan, con rombos, puntos y círculos de colores planos.

Figura de aguadora de Dýmkovo: falda de campana blanca y amarilla con flores pintadas y dos cubos
Aguadora de Dýmkovo. Foto: Oblomov2, CC0, vía Wikimedia Commons.

La fiesta de los silbatos

La feria se llamaba Svistunia, de svistet, silbar. La primera mención documentada de la fiesta es de 1811. Se cree que existía desde mucho antes, quizá desde el siglo XVII, y que venía de rituales agrícolas de primavera. El silbato de barro era una manera de llamar a la estación buena. Con el tiempo, el sentido mágico se perdió y quedó el juguete, que se vendía a los niños en la feria.

El oficio era de mujeres. Ellas modelaban, cocían y pintaban; los nombres que recoge la tradición son casi todos femeninos, y esa continuidad familiar explica que las formas se repitieran durante generaciones sin perder el aire.

El declive y la vuelta

A finales del siglo XIX el negocio se hundió. Las figuras de escayola moldeadas en fábrica, que imitaban la porcelana y costaban menos, inundaron el mercado. El barro modelado a mano se quedó para unos pocos. En los años treinta, ya con la Unión Soviética, el oficio se reorganizó. En 1933 se creó un artel llamado «El juguete de Viatka», que con el tiempo pasó a ser taller del Fondo Artístico de la RSFSR. De ahí salió la generación que convirtió Dýmkovo en una firma reconocible y, más tarde, en recuerdo de aeropuerto.

Qué mirar en una figura

Los cuerpos son macizos y algo grotescos, y eso es deliberado: la silueta se lee desde lejos. Los volantes y los cuellos ahuecados dan movimiento a una masa que, sin ellos, sería un cono. La pintura no imita nada: son círculos, cuadros y puntos de colores planos, aplicados sin sombra. Y casi todas las piezas, incluso las que hoy se venden como adorno, conservan el agujero del silbato.

Dónde verlas

En Kírov, el museo de arte regional y el Museo de Dýmkovo reúnen piezas antiguas y contemporáneas. En Moscú aparecen en las vitrinas de arte popular del Museo Estatal de Arte Oriental y en el Museo de Arte Popular. Y en cualquier mercado de artesanía hay figuras nuevas: conviene fijarse en que el barro tenga el peso irregular de lo modelado a mano y no la simetría del molde.

Este calendario de fiestas y barro se entiende mejor al lado de Pokrov, el velo que cerraba el otoño, otra fecha del año ruso que se lee en el paisaje. Y para el arte popular que llegó al lienzo, Rérij y la Rus antigua.