25/11/2008 18:55 h LA PODRÁ CONTROLAR CON UN TELESCOPIO
El multimillonario Abramóvich regala a su novia una parcela de 40 hectáreas en la Luna
EFE
MOSCÚ
El multimillonario ruso Román Abramóvich ha regalado a su novia, la exmodelo Dasha Zhúkova, una parcela de 100 acres --cerca de 40 hectáreas-- en la Luna, ha informado hoy el diario digital Newsru.com.
El terreno, situado en el hemisferio sur del satélite, puede verse perfectamente desde la Tierra con un telescopio no muy potente, por lo que su propietaria podrá controlar cuando lo desee el estado de sus propiedades.
Zhúkova, de 27 años, podrá llevar a cabo con su parcela lunar las mismas operaciones como si fuese una de la Tierra, es decir, venderla, dejarla en herencia o regalarla.
Inversiones sujetas a leyes internacionales
Las inversiones en la Luna están sujetas a la legislación internacional y, según la compañía que se encarga de organizar las mismas, únicamente se requiere garantizar el apoyo económico para la regulación de las actividades en ese satélite.
El Space Settlement Institute --Instituto de Colonización del Espacio-- señala que el Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre de 1966 no prohíbe a inversores privados poseer propiedades en otros planetas y sus satélites naturales.
Una de las organizaciones más conocidas que representa los intereses de los inversores en el cosmos es la compañía Lunar International, que vende parcelas en la superficie lunar e invierte el dinero obtenido en financiar investigaciones en la Luna.
El Periódico 25/11/08
Las extravagancias de los multimillonarios rusos
Moderador: casarusia
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- Mayakovski
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Las extravagancias de los multimillonarios rusos
No sé qué le queda por hacer al amigo Abramóvich
¡Cómo se nota que no tiene que ganarse el jornal picando piedra!
Por cierto, muy guapa su novia, supongo que no tiene nada que ver con Zhúkov, el mariscal...
La democracia es una forma de gobierno en la que cada cuatro años se cambia de tirano. Vladimir Lenin


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Re: Las extravagancias de los multimillonarios rusos
lazareto escribió:Joder, está pa regalarle la Vía Láctea!!!
La democracia es una forma de gobierno en la que cada cuatro años se cambia de tirano. Vladimir Lenin


Re: Las extravagancias de los multimillonarios rusos
las hay mejores 
Re: Las extravagancias de los multimillonarios rusos
¿Novias o parcelas?Suslik escribió:las hay mejores![]()
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Re: Las extravagancias de los multimillonarios rusos
Algunos prometen regalar una estrella antes del matrimonio y acaban de regalar una olla para fregar cuando lo contraen... A este le falta pasta para regalarle una estrella, y con la crisis ya no puede regalarle ni una Luna entera, pero siendo realista le regala unos 40 ha de Luna y lo HACE -todo un detalle - ANTES DE MATRIMONIO... 
Mirandonos en el espejo de otros pueblos conocemos mejor a nosotros mismos
Re: Las extravagancias de los multimillonarios rusos
Cuzmich escribió:Algunos prometen regalar una estrella antes del matrimonio y acaban de regalar una olla para fregar cuando lo contraen... A este le falta pasta para regalarle una estrella, y con la crisis ya no puede regalarle ni una Luna entera, pero siendo realista le regala unos 40 ha de Luna y lo HACE -todo un detalle - ANTES DE MATRIMONIO...![]()
Y luego a ver quién los limpia...
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Re: Las extravagancias de los multimillonarios rusos
Así, poco a poco, los capitalistas roban la luna y las estrellas...
Por cierto he recibido el chivatazo de que nos van a cobrar un impuesto especial por mirar la luna, porque como es propiedad privada...claro, los que puedan demostrar que no la miran serán exonerados del pago...
!!!!!!La Luna para los selenitas!!!!!!!!!!!!!
Por cierto he recibido el chivatazo de que nos van a cobrar un impuesto especial por mirar la luna, porque como es propiedad privada...claro, los que puedan demostrar que no la miran serán exonerados del pago...
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Re: Las extravagancias de los multimillonarios rusos
Millonarios rusos
Nuevos ricos a lo grande
por Rafael M. Mañueco
NUEVOS RICOS HORTERAS COLAPSAN TVERSKAYA Ulitsa
Los millonarios rusos —apenas el 10 por ciento de la población— controlan el 90 por ciento de los recursos del país. Son los nuevos ricos más extravagantes del mundo. Gastan el dinero con ostentación, asocian la opulencia con el derroche y no pueden olvidar que el dinero que se gana con facilidad se va con idéntica facilidad.
Moscú es la ciudad más cara del globo y una de las que tienen mayor concentración de supermillonarios. Los concesionarios de Rolls Royce, Lamborghini, Ferrari, Bugatti, Aston Martin o Porsche hacen su agosto desde que comenzó el «boom» de los petrodólares. No importa que el asfaltado de las calles deje mucho que desear. Gastan su dinero en inmuebles y echan raíces, no sólo en Rusia, sino también en Francia, España, Reino Unido, EE.UU., Italia, Croacia, República Checa, Chipre y los emiratos del Golfo. Aunque es Londres la ciudad que acapara mayor número de inversiones inmobiliarias rusas. Y como gentes de postín que son, compran joyas, obras de arte, antigüedades, yates y vehículos de lujo.
Lo especial de los magnates rusos es que lo que compran debe ser rebuscado y sorprendente. Tienen que dejar boquiabiertos a sus amigos. Sus regalos han de ser espectaculares. Cuanto más caro y grande, mejor.
Román Abramóvich, el hombre más rico de Rusia por tercer año consecutivo, según la revista Forbes, se ha hecho construir un velero de 200 metros de eslora. El mayor del mundo. Abramóvich, cuya fortuna personal (casi 14.000 millones de euros) procede del petróleo y del acero, es además dueño del Chelsea club de fútbol. Y por orden del presidente Putin, tiene el cargo de gobernador de la remota región de Chukotka, situada frente a Alaska. Aunque su mayor excentricidad es querer volar a la Luna. Ha ofrecido a Roskosmos, la agencia espacial rusa, 220 millones de euros por el viaje.
Para ayudar a estos cresos de la estepa a deshacerse de sus inmensas fortunas, cada año se organiza en Moscú la «feria de los millonarios», donde se puede comprar desde un móvil recamado de diamantes hasta un helicóptero o una isla en el Pacífico. La última de estas ferias para ricos se celebró en noviembre en el Crocus City Mall, inmenso centro comercial de Moscú. El consorcio de empresas que participó ganó en sólo tres días más de 600 millones de euros en ventas.
Los artículos que más sensación causaron fueron los mini submarinos, al precio de 16 millones de euros la unidad, y los potros pura sangre turkmenos, que se situaron en torno al millón de euros cada uno. Había camas de matrimonio de 80.000 euros, móviles suizos de oro y brillantes de un millón de euros y helicópteros que oscilaban entre los 500.000 y los dos millones de euros.
Anna Shelgunova, responsable del departamento comercial de «Aviamarket», afirma haber vendido en Rusia en los últimos dos años 82 helicópteros de lujo. Y puntualiza: «Habríamos despachado muchos más si no hubiese sido porque está prohibido sobrevolar el espacio aéreo de Moscú». Nadia Verjóvtseva, una profesora de la Universidad de Moscú que pasó por esa feria para curiosear, sentencia: «La mayoría de los ricos rusos carece de gusto. Son poco sofisticados y no saben qué hacer con todo el dinero que tienen».
Un magnate con imaginación a la hora de dilapidar su patrimonio es Mijaíl Prójorov, dueño de «Norilski Nikel», la factoría de níquel y paladio más importante del planeta. Su fortuna asciende a 10.000 millones de euros, la quinta de Rusia y la 38 a escala mundial. A Prójorov lo que le gusta es organizar juergas en la estación de esquí francesa de Courchevel con prostitutas de lujo traídas desde Moscú. Cada temporada, Prójorov, soltero y con 41 años, se traslada al balneario galo acompañado de un enorme séquito de amigos, músicos y bellísimas jóvenes, de las que compaginan la pasarela con el club nocturno. Él mismo confecciona las listas de invitados y paga por adelantado las habitaciones de un hotel al completo, se ocupen después o no.
En sus fiestas corre a raudales el champán y el caviar. Y su costumbre de ofrecer a sus amigos franceses espigadas chicas rusas de vida alegre le valió ser detenido por la Policía gala por sospechas de proxenetismo y corrupción de menores. Al final, fue puesto en libertad sin cargos y pudo regresar a Moscú.
Pasión por el riesgo y el lujo
Serguéi Kniázev, un antiguo psicólogo que se dedica a organizar juergas para millonarios, explica así las preferencias de sus clientes: «Los rusos somos apasionados, nos gusta la emoción, el riesgo, lo desconocido y, sobre todo, el lujo. Ya la alta sociedad rusa de la segunda mitad del siglo XIX viajaba por Europa, gastando su dinero en los mejores establecimientos de entonces: casinos, hoteles, balnearios...».
La idea desarrollada en la película «The Game» (El Juego), de David Fincher, ya se le ocurrió a Kniázev mucho antes de que se estrenase la cinta. «Uno de los juegos más antiguos de mi repertorio, y que aún hoy continúa teniendo éxito, es el de hacerse pasar por mendigo», nos cuenta. Sus acaudalados clientes se visten con harapos y se pintan la cochambre con maquillaje. Y de esa guisa recorren la ciudad pidiendo limosna. Para un mayor realismo, están prohibidos los móviles y las tarjetas de crédito. Aunque «los participantes están bajo continua vigilancia y, en caso de contratiempo, serían rescatados y puestos a salvo».
Otro juego que, según Kniázev, tiene mucha aceptación entre las esposas de grandes magnates, cuyos nombres se niega categóricamente a revelar, es el de hacerse pasar por prostitutas. «Tras vestirse con una diminuta minifalda, un generoso escote y zapatos de tacón alto, nuestras heroínas acuden a las habituales esquinas de Moscú para ofrecerse a los viandantes», explica. El truco consiste en pedir a los potenciales clientes cantidades exorbitantes. Y si a pesar de todo, alguien acepta el trato, se escenifica una redada con policías falsos, y se da por terminado el juego.
Kniázev cuenta que ciertos personajes del ámbito empresarial ruso le propusieron organizar un juego en el que pudieran hacerse pasar por asistentes de una consulta ginecológica. «Lógicamente me negué, y no sólo porque es prácticamente imposible encontrar a un ginecólogo que se preste a colaborar en algo así, sino por motivaciones éticas». El célebre animador ruso afirma que las actividades que con más frecuencia organiza para la élite son «bailes de disfraces en edificios históricos, safaris y conciertos con estrellas mundiales del pop en los que el maestro de ceremonias suele ser algún actor o actriz de Hollywood».
Por amenizar las fiestas privadas de magnates rusos figuras mundiales del espectáculo reciben cantidades de ensueño. El cantante británico George Michael se embolsó por una actuación de menos de una hora 2,2 millones de euros. Fue la pasada noche fin de año en la fiesta organizada por Vladímir Potanin, propietario del consorcio «Interros», quien figura en el cuarto puesto de la lista de Forbes de hacendados rusos.
Suleimán Kerímov, diputado y dueño de la empresa «Nafta-Moskvá», el segundo hombre más rico de Rusia, invitó a Cristina Aguilera y a Shakira a su fiesta de cumpleaños. Cada una recibió 740.000 euros por 45 minutos de actuación. Kerímov, famoso por sus excesos y escándalos en la Costa Azul francesa, acumula una riqueza de 10.600 millones de euros.
Entre los asiduos de la «tusovka» (movida) moscovita, previo pago de no menos de un millón de dólares, se encuentran Kylie Minogue, la ex «Spice Girl» Geri Hallywell, la soprano Sarah Brightman, Jennifer López, Robin Williams, Beyoncé, Britney Spears, Natalia Imbruglia, Pierce Brosman, Christopher Lambert y Bruce Willis.
Y es que Rusia es el segundo país del mundo, tras EE.UU., con más millonarios cuya fortuna tiene más de nueve ceros. Se calcula que hay, además, cerca de un millón de personas, sobre una población de 134 millones, con más de un millón de euros en la cuenta bancaria y unas 20.000 con patrimonios por encima de los cien millones. Eso sí, entre tanto millonario, resulta que el 60 por ciento de los rusos sobrevive con ingresos inferiores a los 250 euros al mes. País de contrastes.
Ser pobre en Rusia
Pese a que la exportación de petróleo y gas ha mejorado la economía rusa y aumentado los ingresos del conjunto de la población, las diferencias sociales continúan siendo abismales. Frente al 1 por ciento que vive en la opulencia, un 20 por ciento de los rusos se encuentra en la más absoluta pobreza y subsiste con menos de 90 euros al mes. Un 40 por ciento se las ve y se las desea para llegar a fin de mes con sueldos que no superan los 250 euros, y un 20 por ciento es clase media, con salarios de 310 y 700 euros.
Oleg Grankin, uno de los pocos veteranos de la Segunda Guerra Mundial que van quedando, asegura que «con las pensiones de miseria que cobramos es imposible pagar los cuidados médicos que exige nuestra edad». El anciano tiene el convencimiento de estar «condenado a muerte en cuanto contraiga cualquier enfermedad que requiera hospitalización o un tratamiento prolongado, pues carezco de medios para pagármelo». La pensión media en Rusia es de unos 90 euros y, aunque sobre el papel la seguridad social es universal, en la práctica de poco sirve si no se paga al médico bajo cuerda.
Rusia no se ha recuperado aún del derrumbamiento que sufrió su industria tras la desintegración de la URSS. El cierre de fábricas hizo desaparecer 290 ciudades y 11.000 pequeñas poblaciones. Pero la relativa bonanza que goza el país en la actualidad, gracias a los altos precios de los hidrocarburos, no consigue eliminar las grandes bolsas de pobreza del país.
La imparable subida de los precios es un factor de crisis añadido. Mijaíl Deliaguin, director del Instituto de la Globalización, afirma que «como la ley no limita la acción de los monopolios, los precios se ajustan al poder adquisitivo de sólo el 5% de los ciudadanos». Por su parte, Tatiana Máleva, responsable del Instituto Independiente de Política Social de Moscú, reconoce que «el número de pobres en la época soviética era casi inexistente y la clase media entonces superaba el 80 por ciento de la población». Claro que también puede decirse que entonces todos los soviéticos eran pobres.
Otra ventaja que los rusos han perdido son los desaparecidos bajos precios de los llamados «servicios comunes» (agua, luz y calefacción). Las facturas suben a velocidad vertiginosa, pese a que siguen siendo mucho más baratas que la media europea. La principal consecuencia de la dura realidad que padece el grueso de la población rusa, según Máleva, «es un descenso demográfico sin precedentes». Cada año, Rusia pierde un millón de habitantes.
No es de extrañar, por tanto, que exista una cierta nostalgia hacia el pasado soviético. Un 55 por ciento de los rusos cree que en la URSS se vivía mejor. Los jubilados, además, fueron despojados en 2005 de los privilegios que el viejo régimen les reconocía (transporte gratuito y descuentos en los precios de las medicinas y varios artículos y servicios).
La ostentación de la clase pudiente contribuye además a atizar el descontento. Y es que los gerifaltes de la época soviética, aunque gozaban de un bienestar muy superior al del resto de la población, eran muy discretos y bien que procuraban no hacer gala de sus privilegios.
Nuevos ricos a lo grande
por Rafael M. Mañueco
NUEVOS RICOS HORTERAS COLAPSAN TVERSKAYA Ulitsa
Los millonarios rusos —apenas el 10 por ciento de la población— controlan el 90 por ciento de los recursos del país. Son los nuevos ricos más extravagantes del mundo. Gastan el dinero con ostentación, asocian la opulencia con el derroche y no pueden olvidar que el dinero que se gana con facilidad se va con idéntica facilidad.
Moscú es la ciudad más cara del globo y una de las que tienen mayor concentración de supermillonarios. Los concesionarios de Rolls Royce, Lamborghini, Ferrari, Bugatti, Aston Martin o Porsche hacen su agosto desde que comenzó el «boom» de los petrodólares. No importa que el asfaltado de las calles deje mucho que desear. Gastan su dinero en inmuebles y echan raíces, no sólo en Rusia, sino también en Francia, España, Reino Unido, EE.UU., Italia, Croacia, República Checa, Chipre y los emiratos del Golfo. Aunque es Londres la ciudad que acapara mayor número de inversiones inmobiliarias rusas. Y como gentes de postín que son, compran joyas, obras de arte, antigüedades, yates y vehículos de lujo.
Lo especial de los magnates rusos es que lo que compran debe ser rebuscado y sorprendente. Tienen que dejar boquiabiertos a sus amigos. Sus regalos han de ser espectaculares. Cuanto más caro y grande, mejor.
Román Abramóvich, el hombre más rico de Rusia por tercer año consecutivo, según la revista Forbes, se ha hecho construir un velero de 200 metros de eslora. El mayor del mundo. Abramóvich, cuya fortuna personal (casi 14.000 millones de euros) procede del petróleo y del acero, es además dueño del Chelsea club de fútbol. Y por orden del presidente Putin, tiene el cargo de gobernador de la remota región de Chukotka, situada frente a Alaska. Aunque su mayor excentricidad es querer volar a la Luna. Ha ofrecido a Roskosmos, la agencia espacial rusa, 220 millones de euros por el viaje.
Para ayudar a estos cresos de la estepa a deshacerse de sus inmensas fortunas, cada año se organiza en Moscú la «feria de los millonarios», donde se puede comprar desde un móvil recamado de diamantes hasta un helicóptero o una isla en el Pacífico. La última de estas ferias para ricos se celebró en noviembre en el Crocus City Mall, inmenso centro comercial de Moscú. El consorcio de empresas que participó ganó en sólo tres días más de 600 millones de euros en ventas.
Los artículos que más sensación causaron fueron los mini submarinos, al precio de 16 millones de euros la unidad, y los potros pura sangre turkmenos, que se situaron en torno al millón de euros cada uno. Había camas de matrimonio de 80.000 euros, móviles suizos de oro y brillantes de un millón de euros y helicópteros que oscilaban entre los 500.000 y los dos millones de euros.
Anna Shelgunova, responsable del departamento comercial de «Aviamarket», afirma haber vendido en Rusia en los últimos dos años 82 helicópteros de lujo. Y puntualiza: «Habríamos despachado muchos más si no hubiese sido porque está prohibido sobrevolar el espacio aéreo de Moscú». Nadia Verjóvtseva, una profesora de la Universidad de Moscú que pasó por esa feria para curiosear, sentencia: «La mayoría de los ricos rusos carece de gusto. Son poco sofisticados y no saben qué hacer con todo el dinero que tienen».
Un magnate con imaginación a la hora de dilapidar su patrimonio es Mijaíl Prójorov, dueño de «Norilski Nikel», la factoría de níquel y paladio más importante del planeta. Su fortuna asciende a 10.000 millones de euros, la quinta de Rusia y la 38 a escala mundial. A Prójorov lo que le gusta es organizar juergas en la estación de esquí francesa de Courchevel con prostitutas de lujo traídas desde Moscú. Cada temporada, Prójorov, soltero y con 41 años, se traslada al balneario galo acompañado de un enorme séquito de amigos, músicos y bellísimas jóvenes, de las que compaginan la pasarela con el club nocturno. Él mismo confecciona las listas de invitados y paga por adelantado las habitaciones de un hotel al completo, se ocupen después o no.
En sus fiestas corre a raudales el champán y el caviar. Y su costumbre de ofrecer a sus amigos franceses espigadas chicas rusas de vida alegre le valió ser detenido por la Policía gala por sospechas de proxenetismo y corrupción de menores. Al final, fue puesto en libertad sin cargos y pudo regresar a Moscú.
Pasión por el riesgo y el lujo
Serguéi Kniázev, un antiguo psicólogo que se dedica a organizar juergas para millonarios, explica así las preferencias de sus clientes: «Los rusos somos apasionados, nos gusta la emoción, el riesgo, lo desconocido y, sobre todo, el lujo. Ya la alta sociedad rusa de la segunda mitad del siglo XIX viajaba por Europa, gastando su dinero en los mejores establecimientos de entonces: casinos, hoteles, balnearios...».
La idea desarrollada en la película «The Game» (El Juego), de David Fincher, ya se le ocurrió a Kniázev mucho antes de que se estrenase la cinta. «Uno de los juegos más antiguos de mi repertorio, y que aún hoy continúa teniendo éxito, es el de hacerse pasar por mendigo», nos cuenta. Sus acaudalados clientes se visten con harapos y se pintan la cochambre con maquillaje. Y de esa guisa recorren la ciudad pidiendo limosna. Para un mayor realismo, están prohibidos los móviles y las tarjetas de crédito. Aunque «los participantes están bajo continua vigilancia y, en caso de contratiempo, serían rescatados y puestos a salvo».
Otro juego que, según Kniázev, tiene mucha aceptación entre las esposas de grandes magnates, cuyos nombres se niega categóricamente a revelar, es el de hacerse pasar por prostitutas. «Tras vestirse con una diminuta minifalda, un generoso escote y zapatos de tacón alto, nuestras heroínas acuden a las habituales esquinas de Moscú para ofrecerse a los viandantes», explica. El truco consiste en pedir a los potenciales clientes cantidades exorbitantes. Y si a pesar de todo, alguien acepta el trato, se escenifica una redada con policías falsos, y se da por terminado el juego.
Kniázev cuenta que ciertos personajes del ámbito empresarial ruso le propusieron organizar un juego en el que pudieran hacerse pasar por asistentes de una consulta ginecológica. «Lógicamente me negué, y no sólo porque es prácticamente imposible encontrar a un ginecólogo que se preste a colaborar en algo así, sino por motivaciones éticas». El célebre animador ruso afirma que las actividades que con más frecuencia organiza para la élite son «bailes de disfraces en edificios históricos, safaris y conciertos con estrellas mundiales del pop en los que el maestro de ceremonias suele ser algún actor o actriz de Hollywood».
Por amenizar las fiestas privadas de magnates rusos figuras mundiales del espectáculo reciben cantidades de ensueño. El cantante británico George Michael se embolsó por una actuación de menos de una hora 2,2 millones de euros. Fue la pasada noche fin de año en la fiesta organizada por Vladímir Potanin, propietario del consorcio «Interros», quien figura en el cuarto puesto de la lista de Forbes de hacendados rusos.
Suleimán Kerímov, diputado y dueño de la empresa «Nafta-Moskvá», el segundo hombre más rico de Rusia, invitó a Cristina Aguilera y a Shakira a su fiesta de cumpleaños. Cada una recibió 740.000 euros por 45 minutos de actuación. Kerímov, famoso por sus excesos y escándalos en la Costa Azul francesa, acumula una riqueza de 10.600 millones de euros.
Entre los asiduos de la «tusovka» (movida) moscovita, previo pago de no menos de un millón de dólares, se encuentran Kylie Minogue, la ex «Spice Girl» Geri Hallywell, la soprano Sarah Brightman, Jennifer López, Robin Williams, Beyoncé, Britney Spears, Natalia Imbruglia, Pierce Brosman, Christopher Lambert y Bruce Willis.
Y es que Rusia es el segundo país del mundo, tras EE.UU., con más millonarios cuya fortuna tiene más de nueve ceros. Se calcula que hay, además, cerca de un millón de personas, sobre una población de 134 millones, con más de un millón de euros en la cuenta bancaria y unas 20.000 con patrimonios por encima de los cien millones. Eso sí, entre tanto millonario, resulta que el 60 por ciento de los rusos sobrevive con ingresos inferiores a los 250 euros al mes. País de contrastes.
Ser pobre en Rusia
Pese a que la exportación de petróleo y gas ha mejorado la economía rusa y aumentado los ingresos del conjunto de la población, las diferencias sociales continúan siendo abismales. Frente al 1 por ciento que vive en la opulencia, un 20 por ciento de los rusos se encuentra en la más absoluta pobreza y subsiste con menos de 90 euros al mes. Un 40 por ciento se las ve y se las desea para llegar a fin de mes con sueldos que no superan los 250 euros, y un 20 por ciento es clase media, con salarios de 310 y 700 euros.
Oleg Grankin, uno de los pocos veteranos de la Segunda Guerra Mundial que van quedando, asegura que «con las pensiones de miseria que cobramos es imposible pagar los cuidados médicos que exige nuestra edad». El anciano tiene el convencimiento de estar «condenado a muerte en cuanto contraiga cualquier enfermedad que requiera hospitalización o un tratamiento prolongado, pues carezco de medios para pagármelo». La pensión media en Rusia es de unos 90 euros y, aunque sobre el papel la seguridad social es universal, en la práctica de poco sirve si no se paga al médico bajo cuerda.
Rusia no se ha recuperado aún del derrumbamiento que sufrió su industria tras la desintegración de la URSS. El cierre de fábricas hizo desaparecer 290 ciudades y 11.000 pequeñas poblaciones. Pero la relativa bonanza que goza el país en la actualidad, gracias a los altos precios de los hidrocarburos, no consigue eliminar las grandes bolsas de pobreza del país.
La imparable subida de los precios es un factor de crisis añadido. Mijaíl Deliaguin, director del Instituto de la Globalización, afirma que «como la ley no limita la acción de los monopolios, los precios se ajustan al poder adquisitivo de sólo el 5% de los ciudadanos». Por su parte, Tatiana Máleva, responsable del Instituto Independiente de Política Social de Moscú, reconoce que «el número de pobres en la época soviética era casi inexistente y la clase media entonces superaba el 80 por ciento de la población». Claro que también puede decirse que entonces todos los soviéticos eran pobres.
Otra ventaja que los rusos han perdido son los desaparecidos bajos precios de los llamados «servicios comunes» (agua, luz y calefacción). Las facturas suben a velocidad vertiginosa, pese a que siguen siendo mucho más baratas que la media europea. La principal consecuencia de la dura realidad que padece el grueso de la población rusa, según Máleva, «es un descenso demográfico sin precedentes». Cada año, Rusia pierde un millón de habitantes.
No es de extrañar, por tanto, que exista una cierta nostalgia hacia el pasado soviético. Un 55 por ciento de los rusos cree que en la URSS se vivía mejor. Los jubilados, además, fueron despojados en 2005 de los privilegios que el viejo régimen les reconocía (transporte gratuito y descuentos en los precios de las medicinas y varios artículos y servicios).
La ostentación de la clase pudiente contribuye además a atizar el descontento. Y es que los gerifaltes de la época soviética, aunque gozaban de un bienestar muy superior al del resto de la población, eran muy discretos y bien que procuraban no hacer gala de sus privilegios.
"Si lloras por haber perdido el sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas" (Rabbindranath Tagore).
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Re: Las extravagancias de los multimillonarios rusos
Hola,
Leo esto y se me cae el alma a los pies
Sea o no un artículo exagerado (ya conozco las simpatías que ese tal Mañueco despierta en este foro) si una pequeña parte de lo que se cuenta en él está sucediendo ahora mismo en Rusia me parece muy lamentable. Siento grandes simpatías por el pueblo ruso, pero para mí todos esos fantasmas garrulos (falsos mendigos, ayudantes de ginecólogos, coleccionistas de prostitutas
), no son rusos ni son nada, prefiero ahorrarme lo que estaba a punto de escribir
Por cierto, la mayoría de ellos, durante los 80, eran del Komsomol. Asi le fue al PCUS... 
Leo esto y se me cae el alma a los pies
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Re: Las extravagancias de los multimillonarios rusos
Perdón: la mayoría de los ricos, a secas, carece de gusto, da igual que sean rusos que alemanes o yanquis, ¿o es que ahora el Gil o Las Vegas son ejemplos de un elevado canon estético?«La mayoría de los ricos rusos carece de gusto. Son poco sofisticados y no saben qué hacer con todo el dinero que tienen».
Y no es que no sepan qué hacer con el dinero que tienen, es simplemente que no lo valoran porque ni lo han ganado ni con su esfuerzo no con su mérito, salvo que a ser un chorizo lo consideremos meritorio.
Por lo demás, Mañueco carga la tintas, y no es que le falte razón, pero me gustaría saber si escribía esta clase de artículos también en los 90 con una situación mucho más sangrante que la actual. Por comparar, simplemente.
Lo más curioso (o de curioso no tiene nada) es que estos ricos son como los zaristas: adoran todo lo occidental y lo copian, aunque como ya decía, ahora con bastante peor gusto que en el XIX, empero también es verdad que el modelo a imitar también ha decaido bastante en sus logros suntuarios. Y tienes razón en que no son ni rusos ni nada, el dinero es apátrida. Si ahora nos copian a nosotros es porque seguimos siendo los más ricos, si fueran los árabes comprarían purasangres o montarían harenes.Juli escribió:Siento grandes simpatías por el pueblo ruso, pero para mí todos esos fantasmas garrulos (falsos mendigos, ayudantes de ginecólogos, coleccionistas de prostitutas), no son rusos ni son nada, prefiero ahorrarme lo que estaba a punto de escribir
Por cierto, la mayoría de ellos, durante los 80, eran del Komsomol. Asi le fue al PCUS...
![]()
Con lo del PCUS han sido coherentes: trepas entonces y trepas ahora.
Qué fauna...
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Re: Las extravagancias de los multimillonarios rusos
Vale, ahora entiendo la manía que le tenéis (me uno a vosotros). Yo es que hasta ahora nunca había leído nada suyo. O sea: en los noventa todo era de maravilla porque se había hundido la URSS; ahora, exactamente lo mismo resulta que es una porquería porque gobierna Putin... entiendoKozhedub escribió:Por lo demás, Mañueco carga la tintas, y no es que le falte razón, pero me gustaría saber si escribía esta clase de artículos también en los 90 con una situación mucho más sangrante que la actual. Por comparar, simplemente.
Estaba esta semana en la sala de espera del dentista y como no llevaba mi libro me puse a mirar el 'Hola!' (vaya eggs por mi parte!Kozhedub escribió:Y tienes razón en que no son ni rusos ni nada, el dinero es apátrida. Si ahora nos copian a nosotros es porque seguimos siendo los más ricos, si fueran los árabes comprarían purasangres o montarían harenes. Con lo del PCUS han sido coherentes: trepas entonces y trepas ahora.Qué fauna...
Juli
Última edición por Mayakovski el 06/12/2008 18:31, editado 1 vez en total.
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Re: Las extravagancias de los multimillonarios rusos
A mí no sé que me dolería más, si el dentista o el "Hola"...Juli escribió:Estaba esta semana en la sala de espera del dentista y como no llevaba mi libro me puse a mirar el 'Hola!' (vaya eggs por mi parte!).
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Re: Las extravagancias de los multimillonarios rusos
Me dolió más el 'Hola'Kozhedub escribió:A mí no sé que me dolería más, si el dentista o el "Hola"...Juli escribió:Estaba esta semana en la sala de espera del dentista y como no llevaba mi libro me puse a mirar el 'Hola!' (vaya eggs por mi parte!).
La democracia es una forma de gobierno en la que cada cuatro años se cambia de tirano. Vladimir Lenin


Re: Las extravagancias de los multimillonarios rusos
Vaya manera mas estúpida de gastarse el dinero, aunque sera por falta de el. 




