Ucrania

Las repúblicas de la ex-URSS.

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Kozhedub
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Re: Ucrania

Mensaje por Kozhedub »

Fin del idílico cuadro.

Por lo demás, es habitual en ciertos círculos culpar de todo esto al legado soviético, como si el modelo socioeconómico capitalista rampante y la prohibición del partido comunista no fueran suficientes pruebas de la ruptura. Hace treinta años la mamarrachada igual colaba. Tres décadas después, y comparando con Bielorrusia o con la Rusia actual (no la del borracho) el único elemento diferenciador para explicar por qué los ucranianos no salen del fango es la persistencia de gobiernos prooccidentales, o de intervenciones del universo OTAN. Que es lo que emparenta este desastre con Irak, Afganistán, Libia, Siria o Yemen. Por ejemplo. Lo demás, hacerse trampas al solitario.
Ucrania: la casa incendiada

Por Higinio Polo | 07/01/2021 | Europa
Fuentes: Mundo Obrero

El 21 de abril de 2019, el cómico ucraniano Volodímir Zelenski ganaba en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales con un 72 % de los votos. Su gran promesa durante la campaña electoral fue que acabaría con la corrupción y revertiría el catastrófico estado de la economía del país. Dejaba en la cuneta a Petró Poroshenko, un empresario corrupto, presidente desde poco después del golpe de Estado del Maidán en 2014 que llevó a la extrema derecha y a los neonazis al gobierno de Kiev.

La operación del Maidán, gestada por el gobierno de Obama y Biden, [Que acaba de volver a la Casa Blanca, ojito] supuso la entrega del país al nacionalismo más agresivo, que postula el enfrentamiento con Rusia como mecanismo para consolidar la independencia, que necesita, además, el apoyo militar y político de Washington.
El golpe de Estado fue un duro retroceso para el proyecto estratégico de Moscú de reanudación progresiva de los lazos con las antiguas repúblicas soviéticas (Ucrania es la segunda más poblada), en la perspectiva de una nueva reintegración.

Zelenski prometió dar solución a los principales problemas: la rampante corrupción que desangra los recursos del país y enriquece a empresarios y políticos del régimen, la guerra en el Donbás, y la desesperada situación económica. Sin experiencia política, con una confusa ideología que defiende ingresar en la Unión Europea pero no le impide optar por el acercamiento a Estados Unidos, postulaba también legalizar la prostitución y el juego. Su partido (Servidor del Pueblo), creado en 2018, consiguió la mayoría absoluta en la Rada.

Los acuerdos de Minsk son el marco político para abordar la guerra en el Donbás. Zelenski ha accedido al intercambio de prisioneros, pero se niega a aplicar el plan de paz de 2015 y a negociar la autonomía para las regiones del Este, e insiste en que el ejército ha de controlar la frontera con Rusia, lo que dejaría completamente aisladas a las repúblicas de Donetsk y Lugansk, por lo que el reinicio de las negociaciones no ha cambiado la situación. El converso Leonid Kravchuk, ex presidente, firmante de la traición de Belavezha que disolvió la URSS y jefe de la delegación ucraniana en el Grupo de Contacto Trilateral para el Donbás, propone que si no se avanza antes de fin de año deberían imponerse nuevas sanciones a Rusia y excluirla del SWIFT, el sistema de pagos internacional que aunque funciona bajo legislación belga está controlado por Estados Unidos.

En noviembre de 2020, el Foro de Seguridad de Lviv, auspiciado por Washington y sectores atlantistas, pedía a la Unión Europea y a Estados Unidos que activasen el mecanismo para la incorporación de Ucrania y Georgia a la OTAN, señalando la “agresiva política exterior rusa” y el aumento de sus fuerzas militares en la región y en el Cáucaso (obviando que son fuerzas de pacificación en Nagorno-Karabaj, acordadas con Armenia y Azerbeiján), así como la supuesta transformación del Mar Negro en “plataforma para las operaciones militares rusas en Oriente Medio”. Los halcones del Foro proponen también prohibir la entrada de barcos procedentes de Crimea en todos los puertos “occidentales” del mundo, y que Berlín y Washington garanticen la presencia permanente de buques de guerra en el Mar Negro, incluidos los puertos ucranianos, así como la creación de una base de entrenamiento de la OTAN para ejercicios militares regulares en ese mar. Kiev equipa a su ejército con armas y entrenamiento norteamericanos y realiza frecuentes ejercicios militares en el Mar Negro y en las cercanías de aguas territoriales rusas.

Zelenski opta por integrar a Ucrania en la OTAN, su gobierno se refiere a Rusia como “Estado agresor” y no ahorra gestos hirientes: a finales de noviembre visitaba el memorial construido sobre la tergiversación histórica llamada Holodomor. Conforme a los objetivos de Washington, la nueva Estrategia de seguridad nacional impulsada por Zelenski, publicada en septiembre de 2020, pide una invitación para incorporarse al Plan de Acción de Membresía de la OTAN, paralizado hoy el proceso de adhesión por los recelos de sus aliados europeos, Alemania y Francia, que temen un agravamiento de las diferencias con Moscú. Heiko Maas, el ministro de Asuntos Exteriores en el gabinete de Merkel y miembro del SPD, aunque asegura que la seguridad europea “no se puede lograr sin Rusia, ni mucho menos contra ella”, no deja de criticar a Moscú a propósito de Crimea, Abjasia, Osetia del Sur, Moldavia (Transnistria), el Donbás, e incluso por Nagorno-Karabaj, en lo que parece un obligado peaje a pagar a los halcones de Washington. Al mismo tiempo, el primer ministro Denys Shmygal impulsa un acercamiento a Turquía, vecino del Mar Negro, a quien se ha comprado drones para enviarlos al Donbás.

La extrema derecha, los grupos fascistas y neonazis y el nacionalismo ucraniano (ayer antisoviético y hoy antirruso) desconfían de Zelenski, aunque éste no ha roto con la inercia nacionalista y ha recortado derechos sociales. Casi dos años después de su llegada a la presidencia, los oligarcas siguen controlando el país. La Unión Europea publicó a principios de diciembre de 2020 un informe sobre el cumplimiento del Acuerdo de Asociación entre Ucrania y la Unión, cuestionando las decisiones del Tribunal Constitucional ucraniano, la ineficacia de las investigaciones sobre la corrupción, reclamando una profunda reforma judicial… y la privatización de más empresas públicas. La corrupción, el robo descarado, la militarización, la entrada de grupos económicos occidentales dispuestos a hacer rápidos negocios, han continuado con Zelenski, que en poco más de un año ha perdido la confianza de parte de la población. El presidente creó varios organismos para combatir la corrupción, que no han tenido resultados efectivos, mientras los empresarios enriquecidos con el robo de la propiedad estatal soviética cuentan con equipos de matones que agreden a los fiscales honestos. Uno de ellos, el corrupto oligarca Ihor Kolomoyskyi, contribuyó a la victoria de Zelenski gracias a su control de varias cadenas de televisión, y no ha dudado en utilizar grupos de sicarios para asesinar a comunistas y militantes de izquierda, llegando a ofrecer diez mil dólares por cada “ruso” muerto, e incluso ha financiado batallones nazis como el Azov y grupos paramilitares para intervenir en el Donbás. Además de Kolomoyskyi, otros oligarcas como Rinat Ajmetov, el empresario más rico de Ucrania, y el expresidente Poroshenko, continúan imponiendo sus condiciones, controlan la economía y los medios de comunicación, y Zelenski se ha acercado a ellos. Todos se enriquecieron con el robo de las propiedades públicas y siguen haciéndolo.

El país se ha convertido en una charca de corrupción, pobreza, violencia, donde se compran diputados y funcionarios, y los oligarcas y sus grupos de delincuentes organizados luchan entre sí para repartirse el botín. Antes de la llegada de Zelenski, la gobernadora del Banco Nacional de Ucrania, Valeria Gontareva, renunció en 2017 tras recibir serias amenazas de muerte por el oscuro asunto de la nacionalización del Privatbank, donde Kolomoyskyi y Gennadiy Bogoliubov habían robado 5.500 millones de dólares y continúan manteniendo la propiedad del Privat Grup, un conglomerado de centenares de empresas de todos los sectores. Otro de los empresarios, Oleg Bajmatyuk, fue acusado de malversación de decenas de millones de dólares y huyó a Austria. La población ha visto la subasta de bancos por los Fondos de Garantía, la colusión del poder político y los oligarcas contra el país, préstamos millonarios que no se devuelven, concesiones oficiales y compras de empresas. Gontareva tuvo que abandonar el país, pero en su exilio de Londres le rompieron las piernas en un atropello intencionado, y su casa de Kiev fue incendiada.

El desastre de la implantación del capitalismo se constata en el declive del país: en 1990, la Ucrania soviética contaba con 52 millones de habitantes; hoy, tiene 41 millones. Once millones de personas, la cuarta parte de la población, han desaparecido: muchos otros han abandonado su tierra en busca de trabajo, engrosando el ejército de emigrantes precarios en Europa. Otra cuarta parte vive por debajo del nivel de pobreza. Cada año, la población se reduce en un millón de personas. [Este año pasado se redujo sólo en 999.999, porque llegó la mujer de la bandera] Además, desde hace años la tasa de mortalidad supera a la de natalidad, y el nivel de vida ha empeorado hasta extremos dramáticos, agravado ahora con la pandemia de la Covid-19.

Cuando, en noviembre de 2020, Rusia presentó en la ONU el proyecto de una resolución que condena la glorificación del nazismo, solo dos países votaron en contra: Estados Unidos y Ucrania.
El capitalismo y la entrada en la órbita norteamericana han sembrado sal en las antaño prósperas tierras negras ucranianas, y el país está prisionero de empresarios ladrones, enfangado en un sucio y agresivo nacionalismo que ha envenenado a buena parte de la población. Con la casa incendiada, Ucrania contempla la huida de sus hijos.
https://rebelion.org/ucrania-la-casa-incendiada/
Un signo de la decadencia moral de la sociedad

enero 15, 2021

Eduard Dolinsky.— El 21 de enero de 2021 se celebró en Kiev una marcha de antorchas en homenaje al aniversario del nacimiento de Stepan Bandera. En respuesta, el embajador de Israel en Ucrania condenó el “enaltecimiento de colaboracionistas Nazis” y aconsejó a Ucrania que lidie con su pasado. Estas declaraciones del representante israelí han causado una avalancha de comentarios antisemitas en la prensa y las redes sociales ucranianas.

Algunos han pasado de las palabras a los hechos. Por ejemplo, los radicales de extrema derecha del C14 convocaron una manifestación frente a la embajada israelí en Kiev exigiendo que el Estado judío pida perdón por organizar el Holodomor. Esa exigencia es una desvergonzada provocación y una mentira, ya que obviamente Israel, que nació en 1948 y está a miles de kilómetros de Ucrania, jamás pudo tener algo que ver con Holodomor.


Algunos “comentaristas” lo han justificado alegando que los judíos participaron en la organización de Holodomor, como, por ejemplo, Lazar Kaganovich. Pero eso hace surgir la pregunta de por qué esos activistas no van también a la embajada de Georgia a exigir perdón por Stalin o Beria. En cualquier caso, la pregunta es si acusar a los judíos o a Israel por Holodomor es simplemente antisemitismo o si es la continuación de la propaganda antijudía de la Alemania Nazi: los judíos son comunistas, invasores, imperialistas, traidores, etc.

Es bien conocido a qué llevó todo aquello: seis millones de judíos fueron brutalmente asesinados en Europa, un millón y medio de ellos en Ucrania. Esta peligrosa tendencia no solo se subestima, sino que, en ocasiones, se da más leña al fuego para avivar esos sentimientos. Por ejemplo, recientemente los trabajadores del Instituto Ucraniano de la Memoria Nacional han celebrado el aniversario de Holodomor utilizando imágenes antisemitas de personas judías dibujadas por un artista alemán antisemita.

El auge del antisemitismo en Ucrania no se ha producido en el vacío. Las autoridades y la sociedad civil, así como la prensa, niegan habitualmente que exista un problema. Recordemos Cuando el año pasado la Liga Antidifamación (ADL por sus siglas en inglés), la institución más antigua del mundo contra el antisemitismo y el racismo, realizó un estudio en el que Ucrania aparecía como segundo país en Europa en el ranking de antisemitismo. Inmediatamente llegaron las acusaciones de los “activistas” de que ADL era un agente de Moscú, que se había vendido al FSB, etc.

Cuando 52 senadores firmaron una carta sobre el aumento del antisemitismo y el enaltecimiento de colaboracionistas Nazis en Ucrania, rápidamente surgieron los llantos de los “patriotas” y se acumularon las acusaciones de odio a Ucrania.


Uno de los elementos que, en mi opinión, contribuyen al aumento del antisemitismo en la sociedad ucraniana es la política de memoria nacional y toda una serie de leyes aprobadas por el Parlamento, especialmente la ley de descomunización, aprobada en abril de 2015, concretamente la parte que se refiere al enaltecimiento del nacionalismo ucraniano.

Esta ley ha sido duramente criticada. En su momento, un grupo de importantes historiadores occidentales condenaron la legislación por imponer la censura y por enaltecer a quienes habían participado en el Holocausto, en la limpieza étnica y en crímenes de guerra.

La ley ha contribuido a la aparición de numerosos monumentos, memoriales y cambios de nombre para honrar a quienes organizaron la destrucción sistemática de la población civil judía y polaca de Ucrania. Es más, el proceso continúa y la cantidad de ese tipo de monumentos es tan grande que se puede decir sin miedo a equivocarse que Ucrania se ha convertido en el campeón mundial de monumentos a asesinos de masas.

(...) en la localidad de Yiznomir, en la región de Ternopil, se inauguró una placa memorial a Oleksy Babiy, uno de los ejecutores de Babi Yar, en la biblioteca municipal. Babiy era miembro del Sonderkommando 4ª del Einsatzgruppe C. El 29 y 30 de septiembre de 1941, Oleksiy Babiy participó en el asesinato de 34000 judíos de Kiev: mujeres, hombres, ancianos y niños. ¿Incomprensible? Desde luego.

Y aquí, el Parlamento aprobó una resolución para celebrar fechas memorables en 2020. En la lista estaba Vasil Levkovich. ¿Quién es Vasil Levkovich? El comandante de la policía auxiliar ucraniana en Dubno, cómplice del asesinato masivo de unos 5000 judíos de Dubno. En 1943, se unió a UPA, donde participó en el asesinato de civiles polacos. Levkovich vivió hasta nuestros días y fue enterrado en el paseo de la fama del cementerio de Lychakiv en Lviv.

Además de Levkovich, la lista incluía también a Volodymyr Kubiovich, fundador de la División Galizien de las SS y líder del colaboracionista Comité Central Ucraniano. Kubiovich y su Comité participaron directamente en el asesinato de 150.000 judíos en Lviv. El Comité Central Ucraniano anunció públicamente en la prensa que cualquier persona que ayudara a los judíos sería severamente castigada. Díganme, ¿qué puede haber más inhumano que honrar a asesinos de mujeres y niños?

Pero volvamos a las marchas de antorchas en homenaje a Bandera, líder de la Organización de Ucranianos Nacionalistas (OUN), cuyos líderes y miembros participaron activamente en el Holocausto y en el exterminio de la población polaca. Bandera y OUN buscaron la creación de un Estado independiente ucraniano en forma de dictadura fascista y en el que él sería designado líder de un Estado mono étnico y en el que todas las otras nacionalidades, a excepción de los ucranianos, serían expulsados o destruidos. Así que las marchas en honor a Bandera y sus asociados son una celebración de la ideología más oscura, que llegó a la muertes a millones de ucranianos y de otros pueblos.

La actitud hacia el Holocausto, el genocidio y el antisemitismo es uno de los signos de la salud moral de una nación, de la civilización de su Estado y sus instituciones. Lo que está ocurriendo ahora con el enaltecimiento de criminales de guerra, por el contrario, es un signo de la decadencia moral de la sociedad, de profundos problemas que indudablemente impiden el desarrollo de Ucrania y su integración en la comunidad internacional.

Ucrania debe decidir si está del lado de quienes crearon los campos de la muerte y las cámaras de gas o si es un país que, junto a otra muchas naciones, derrotó al Nazismo. Si somos descendientes de verdugos o si somos descendientes de quienes salvaron al mundo y la civilización. Yo defiendo lo segundo.
https://diario-octubre.com/2021/01/15/u ... -sociedad/

Otros, obviamente, defienden lo primero.Y se quedan tan anchos.

¡Saludos!
"Nadie tiene derecho a disfrutar de la vida a expensas del trabajo ajeno"
(G. Zhukov)

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