BIELORRUSIA

Las repúblicas de la ex-URSS.

Moderador: casarusia

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rusa
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Re: BIELORRUSIA

Mensaje por rusa »

:D
Normal, porque ya lo ha dicho santi, Lukashenko la inmensa mayoria de las veces habla en ruso. Aquí tienes un ejemplo de su discurso en bielorruso, es una gabación vieja y corta pero sirve para hacerte una idea de cómo habla en bielorruso :)



Y aquí habla en los dos idiomas



En Bielorrusia el programa escolar incluye lengua bielorrusa, sin fanatismo, y nadie les impone en qué idioma hablar en su país. De hecho es la postura oficial de Lukashenko, dijo expresamente que cada persona tiene el derecho de decidir libremente en qúe idioma hablar (de las dos oficiales) y nadie debe imponer nada en este asunto, además así lo votó el pueblo en el referendum: a favor del bielorruso y el ruso.
Saludos!
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Kozhedub
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Re: BIELORRUSIA

Mensaje por Kozhedub »

Durante estos meses hemos vivido en directo otro intento de Revolución de Colores contra el actual gobierno (y sistema) bielorruso. Afortunadamente, ha fracasado y el pais se ha librado de acabar como su vecino:
¿Busca EEUU la barbarie ucraniana en Bielorrusia?
x Vicky Peláez
Ucrania, seis años después de su Maidán, se convirtió en un estado fallido sobreviviendo a costo de préstamos y dádivas de Washington y Bruselas

Occidente con EEUU a la cabeza ha tratado de aplicar su vieja y consabida fórmula para derrocar a un Gobierno, y esta vez le tocó al presidente de Bielorrusia, Alexandr Lukashenko, quien olvidó el destino de los gobernantes que intentaron acercarse y complacer a Washington y Bruselas, seducidos por sus promesas de ayuda "desinteresada".

Parece que la experiencia de Muammar Gaddafi, asesinado en 2011, o de Sadam Husein, colgado en 2006, no le enseñó nada a Lukashenko, quien empezó a ser demasiado amistoso con Occidente tratando de equilibrar la OTAN y Moscú y denunciar inclusive a su hermano mayor, Rusia.

Entonces, los estrategas de Washington decidieron que ya ha llegado la hora de que se vaya el presidente de Bielorrusia, y ordenaron a sus previamente preparados opositores bielorrusos y sus agentes externos: los vecinos polacos y lituanos, para iniciar una revolución de colores y poner en el poder a alguien más prooccidental.

Los opositores, guiados por el Grupo Central de Acciones Psicológicas de Polonia localizado en Bydgoszcz y controlado por la División de Inteligencia de la OTAN y la CIA, iniciaron violentos disturbios el pasado 9 de agosto en la mayoría del territorio nacional y en especial, en la capital, Minsk, cuando Alexandr Lukashenko fue proclamado el ganador de las elecciones presidenciales con más del 80% de votos.

Todo estaba listo para que la Unión Europea (UE) denunciara los resultados de las elecciones e impusiera sanciones a los principales funcionarios estatales bielorrusos. Entonces el secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, declaró su apoyo a las sanciones de la UE. El ministro de Finanzas de Alemania, Olaf Scholze, declaró que Lukashenko "tenía que irse".

A la vez, la candidata de la oposición para las elecciones presidenciales, Svetlana Tijanóvskaya, que obtuvo el 10,12% de los votos, declaró que hubo un fraude electoral y que fue ella la que había ganado la contienda. Enseguida Tijanóvskaya llamó a los bielorrusos a manifestarse contra Lukashenko. Desde aquel 9 de agosto la violencia se apoderó de la capital de Minsk y de la mayoría de las ciudades del país.

Los provocadores bien organizados y dirigidos por las estaciones de TV Nexta Live y Nexta, creadas por la CGDP de Polonia, han estado transmitiendo desde Varsovia y la capital de Lituania, Vilnius, instrucciones a sus dirigentes provocadores tanto extranjeros como bielorrusos, informándoles sobre el desplazamiento de la Policía y en especial de las fuerzas antimotines y aconsejandoles cómo atacar y prender fuego a los policías.

Se usaron piedras, cócteles molotov y fuegos artificiales, y se estrenó una nueva técnica de agresión contra la Policía y amenazas contra sus familiares. Los escuadrones de la Policía especial respondieron a la violencia también con excesiva fuerza y, como resultado, en los primeros 10 días de protestas, centenares de personas fueron heridas, entre ellas más de 150 policías y más de 6.700 manifestantes detenidos.

Al decimoprimer día de protestas, la violencia empezó a disminuir pero algunas fábricas, complejos industriales y periodistas de varios canales de TV se declararon en huelga contestando al llamado de Svetlana Tijanóvskaya desde Vilnius, Lituania, donde se refugió, a iniciar una huelga indefinida para paralizar la economía, lo que obligaría a Lukashenko a renunciar.

La oposición ya creó el Consejo de Coordinación para la Transferencia del Poder formado por 70 "verdaderos bielorrusos, conocidos ciudadanos y profesionales", según su declaración. La mayoría de los miembros de este consejo es antirrusa, prooccidental y partidaria del neoliberalismo.

El Consejo de Coordinación subrayó en su documento sobre las reformas pendientes que "la situación dentro del país y fuera no es favorable a los intereses nacionales. El peligro principal para los opositores consiste en la creciente agresividad del Kremlin, la participación de Bielorrusia en el proyecto de integración bajo el dominio de Rusia, el control de Moscú sobre los medios de comunicación y el bajo nivel de conciencia de los bielorrusos".

El programa del Consejo, que se presenta como un gobierno provisional, y su Paquete de Reanimación consisten en las siguientes propuestas principales:

- salir de todos los proyectos de integración con la participación de Rusia;

- fortalecer la identidad nacional bielorrusa y el idioma nacional;

- entrar en las estructuras políticas, económicas y militares de la Unión Europea (UE) y de la OTAN;

- prohibir las organizaciones prorrusas y la transmisión de programas rusos;

- salida de los militares rusos de Bielorrusia;

- privatización del sector estatal;

- instrucción y preparación de los militares nacionales en la OTAN.


La lista sigue, pero su toque neoliberal y antirruso es una analogía del programa de la oposición ucraniana puesto en marcha en 2014, con resultados que producen escalofrío, pues Ucrania seis años después de su Maidán se convirtió en un estado fallido sobreviviendo a costo de préstamos y dádivas de Washington y Bruselas que tiene que pagar como sea.

¿Qué pasó en Bielorrusia para que surja una oposición neoliberal abiertamente antirusa y prooccidental y logre el apoyo de un gran sector de trabajadores? Hace poco Bielorrusia tenía cierto parecido con la Unión Soviética en los últimos años antes de la perestroika.

Su presidente durante 26 años en el poder vía elecciones legítimas nunca permitió la privatización de las empresas estatales, conservó los beneficios sociales de la época soviética y evitó la aparición de los oligarcas. Sin embargo, con el pasar del tiempo empezó a buscar todos los pretextos para retrasar la integración de Bielorrusia con Rusia, cuyo tratado fue firmado el 2 de abril de 1997. Poco a poco Lukashenko comenzó a imitar a su amigo, el presidente de Turquía Recep Tayyip Erdogan, que oscila permanentemente, según circunstancias, entre Washington y Moscú.

En 2014, Lukashenko percibió el Maidán o revolución de colores en Ucrania como una oportunidad de elevar la importancia de su país en términos geopolíticos tanto frente a Moscú como frente a Washington y Bruselas, y de paso aumentar su poder de negociador con Rusia. Bielorrusia nunca reconoció la integración de Crimea en la Federación de Rusia. Tampoco reconoció la independencia de Abjasia y Osetia del Sur. Con el tiempo, Bielorrusia empezó a convertirse, según 'Defense One', en un "aliado inestable de Putin".

En 2018, el subsecretario adjunto para asuntos europeos y euroasiáticos del Departamento de Estado norteamericano, George Kent, hizo "un esfuerzo deliberado para recuperar las relaciones con Bielorrusia". De acuerdo al análisis de Stratfor, una CIA privada, "Bielorrusia, el aliado más cercano de Rusia, empezó a portarse cada vez más amigablemente con Occidente".

Precisamente aquel año la Administración Obama planteó trabajar en tres direcciones para convertir a Bielorrusia en una nueva Ucrania: preparó a la oposición para destituir a Lukashenko y tomar el poder, impuso a la sociedad bielorrusa valores occidentales y utilizó la fuerza blanda de las ONG, fondos, instituciones y partidos para implantar la influencia occidental en la élite nacional".

Para aquel entonces en Bielorrusia ya había penetrado una red de más de 1.000 ONG occidentales del total de 2.770 que estaban registradas por el Gobierno. El proyecto norteamericano elaborado desde la desintegración de la Unión Soviética en 1991 y que está vigente actualmente consiste en la creación de un cordón sanitario que se extiende del mar Báltico al mar Negro para contener a Rusia.

Originalmente este proyecto bajo el nombre de Prometeísmo fue ideado por el primer mariscal de Polonia, Jozef Pilsudski, que dirigió el país de 1918 a 1935. Su propósito fue crear la Federación Intermarium (entre mares) incluyendo a Lituania, Letonia, Estonia, Finlandia, Bielorrusia, Ucrania, Hungría, Rumanía, Yugoslavia y Checoslovaquia bajo la dirección de Polonia. Así, según Pilsudski, la URSS y su sucesora, Rusia, estarían debilitadas.

Lo interesante es que la idea del Prometeísmo y de la Federación Intermarium sigue en la mente de los actuales dirigentes de Polonia. El presidente del país, Andrzej Duda, declaró en agosto de 2015 que estaba pensando mucho en "la formación de un bloque de países que se extendiese desde el mar Báltico al mar Negro y al mar Adriático", y que sin duda alguna estaría bajo el mando de Polonia. Bielorrusia sería uno de los miembros de esta formación. No hay que olvidar que este país era parte de la Mancomunidad de Polonia-Lituania entre 1569 a 1795.

Con este propósito crearon un Programa Polonia-Bielorrusia-Ucrania con un presupuesto anual de 183 millones de euros, que está funcionando ya más de 5 años.

También están subsidiando la Universidad Europea Humanitaria (UEH) ubicada en Vilnius, Lituania, con capacidad para 1.500 estudiantes, de los cuales el 95% proviene de Bielorrusia. Por supuesto, todo esto se realiza bajo la dirección de la CIA y de los servicios de inteligencia europeos. Y la mayoría de los fondos proviene de EEUU, especialmente del Departamento de Estado vía USAid, las ONG, las fundaciones de Soros y de la Unión Europea y sus ONG.

Lo interesante de todo esto es que la poderosa KGB bielorrusa, dirigida por un experimentado profesional de inteligencia, el general Valeri Vakulchik, no solamente conocía la existencia de esta red de ONG, sino que permitió su despliegue y sus actividades. También la KGB cerró los ojos frente a un visible despertar de nacionalistas en un ambiente de deterioro de las relaciones entre Minsk y Moscú, especialmente después de la visita del secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, que ofreció petróleo y ayuda "desinteresada" al Gobierno de Lukashenko. Es decir, ofrecieron el oro y el moro.

El show del arresto de 33 mercenarios rusos por la KGB que supuestamente se trasladaron a Bielorrusia junto con otros centenares de soldados de fortuna rusos para crear caos en Bielorrusia, de acuerdo a la información que recibió el servicio de inteligencia nacional de sus colegas del SBU ucranianos, demuestra o la incompetencia de la KGB, un acto deliberado para empeorar las relaciones entre Rusia y Bielorrusia, o la penetración de esta organización por otros servicios. Basta una llamada del general Vakulchik a Moscú para saber que fue una provocación del servicio de inteligencia de Ucrania SBU. El general nunca la hizo.


En realidad, el intento de Bielomaidán, con sus protestas y violencia, es el resultado de la política de Alexandr Lukashenko de intentar jugar con Occidente olvidándose de la seguridad de su país, su soberanía y el bienestar de su pueblo, que depende mucho de Rusia. Más del 70% de sus productos de exportación va a Rusia, y este país siempre ha apoyado a su vecino. Ahora está pagando las consecuencias de su alejamiento de Rusia y su coqueteo con Occidente.

Y eso que Lukashenko en sus 26 años en el poder logró preservar los beneficios sociales de su pueblo heredados del socialismo y mantuvo un buen funcionamiento de su economía a pesar de carecer su país de recursos naturales esenciales. Lo que descuidó fue su aparato burocrático, que no percibió los cambios que se produjeron con la revolución tecnológica de los medios de comunicación en la mentalidad de su pueblo, debido a la virtualización de la información, donde las fake news se entremezclan con los rumores reemplazando frecuentemente la verdad.

El acercamiento a Occidente hizo aflorar también las ambiciones personales de oportunistas, igual que pasó en la URSS y posteriormente en otros países exsocialistas que percibieron una oportunidad única de convertirse en oligarcas. Por eso no es de extrañar que varios directores de los complejos industriales de Bielorrusia, como el director de la planta de tractores de Minsk, Alexéi Rimashevski, declarasen públicamente no reconocer los resultados de las elecciones y llamasen a los obreros a la huelga. Lo mismo hizo la autoproclamada presidenta, Svetlana Tijanóvskaya, desde su refugio en Vilnius para paralizar la economía y así castigar al régimen de Lukashenko.

Los pretendientes a oligarcas no se dan cuenta de que si la oposición llega al poder todas estas empresas y fábricas van a ser desmanteladas o que, en el mejor de los casos, pasarán a manos de transnacionales y los obreros serán los primeros en ser sacrificados como pasó en Ucrania y en parte, en Rusia.

Parece que el pueblo bielorruso ha empezado a darse cuenta de lo que realmente está pasando en su país y del futuro que le quiere dar la oposición al servicio de los más ricos y poderosos del planeta. No hay que olvidar que la bandera blanca y roja que están usando la oposición y los participantes en las protestas como símbolo de lucha contra el conocido como último dictador de Europa no es la bandera actual de Bielorrusia, sino la que fue usada por el Gran Ducado de Lituania y la Confederación Polaco-Lituana.

La usaban también durante la ocupación de Bielorrusia por los nazis (1943-1944) durante la Segunda Guerra Mundial unos 28.000 voluntarios de la Defensa Bielorrusa y los voluntarios bielorrusos de la 36 División de los Waffen-SS. El gauleiter (comisionado nazi) de Minsk, Wilhelm Richar Kube, fue el que autorizó el uso de esta bandera por el Consejo Central de Bielorrusia.

Por eso no es de extrañar el pronunciamiento del Ministerio de Defensa de Bielorrusia: "Los militares no podemos ver con tranquilidad cómo bajo las mismas banderas que los nazis usaron durante las matanzas de bielorrusos, rusos, judíos y de otras comunidades se llevan a cabo acciones en los lugares sagrados. No podemos permitir que esto suceda". La oposición ya está advertida.

El presidente Lukashenko se dio cuenta del precio de sus jugadas y está haciendo todo lo posible para apaciguar al país. Se espera que los obreros y el pueblo en general tome conciencia de la marcha al precipicio al que la oposición está llevando al país y que el Gobierno de Rusia extienda la mano de ayuda y apoyo a Bielorrusia por el bien de ambos países.
https://www.lahaine.org/mundo.php/ibusc ... -ucraniana

En ese sentido, en esta bitácora también denuncian la imprudente ambiguedad de Lukashenko como una de las causas de que las potencias occidentales hayan logrado clavar cuña más profundamente que otras veces en la sociedad bielorrusa:
Cuando se ven los trucos, el mago deja de ser mago

La actitud de la izquierda con Bielorrusia es bastante curiosa. Hay, claramente, un intento de cambio de gobierno impulsado por Occidente y hay, también, una muy mala (y tardía) respuesta por parte de los partidarios del sistema político actual. Para el primer caso no hacen falta muchos más argumentos ni siquiera menciones. Para el segundo hay que mencionar el tema de las huelgas y de las protestas laborales de un colectivo harto de cargar siempre con la peor parte. Este es el factor determinante a nivel interno, si las huelgas se extienden o se circunscriben a pequeñas empresas y por pequeños colectivos de trabajadores. Hasta el momento, y en contra de lo que dicen los apologistas del cambio de gobierno, no son muy numerosas y se está lejos de paralizar la actividad industrial.


Los pro-occidentales no descansan nunca. Al igual que en Venezuela no se acepta ninguna otra disyuntiva que la derrota de Maduro, o en Nicaragua la de Daniel Ortega, o en Bolivia la de Morales (como se vio tras el golpe), en Bielorrusia no se acepta nada que no sea la derrota de Lukashenko. Ninguna otra cuestión es aceptable.

Como no lo es que el tan esperado Tribunal Internacional para el Líbano haya exculpado formalmente a Hizbulá y a Siria del atentado que mató al primer ministro Rafik Hariri hace 15 años. Durante todo este tiempo se ha hecho lo posible y lo imposible porque el discurso se amoldase a la realidad, y este tribunal -auspiciado por la ONU bajo la presión de EEUU- ha invertido todo este tiempo en encontrar algo en que sustentar todo lo que se dijo entonces y en este tiempo. No ha sido posible, pero 15 años después ¿a quién le importa? No, desde luego, a sus patrocinadores, aunque los pro-occidentales libaneses hayan montado en cólera por lo que consideran "absolución" de Hizbulá. Porque ese, y no otro, era el objetivo.

Con Bielorrusia pasa igual. El domingo, partidarios de unos y otros midieron sus fuerzas. Por primera vez, los partidarios del gobierno salieron a la calle. Y aquí está la novedad: que gran parte de la izquierda bielorrusa salió a defender al gobierno conscientes de lo que hay detrás de los pro-occidentales y que no es otra cosa que la destrucción del sistema público que domina la práctica totalidad del tejido social y laboral del país. Eso a pesar de la paternalista política gubernamental en sueldos, pensiones, políticas de juventud o de vivienda.

Junto a esta constatación, otra: no hay deserciones entre las fuerzas del gobierno o, al menos, significativas (sí algún embajador y algún funcionario intermedio). Esto significa una cosa: la élite gobernante que rodea o de la que se rodea Lukashenko es bastante monolítica y sin divisiones ideológicas notorias. Por lo tanto, Lukashenko puede resistir mucho tiempo aún y dar la vuelta a la tortilla con relativa facilidad. En este caso, el tiempo juega a su favor.

Lo pinten los medios de propaganda como lo pinten, lo cierto es que la llamada oposición no es mayoría y no tiene el monopolio de la calle como se ha trasladado en estos 10 días.
Está claro que es el intento más serio de los pro-occidentales en los últimos años (y son varios los intentos, siempre coincidiendo con las elecciones) y que aún queda bastante para salir de la crisis. Pero la reacción del gobierno, tardía, pero menos da una piedra, está comenzando a poner las cosas en su sitio (con la excepción de las huelgas; el factor obrero es determinante).

¿Cuáles son las motivaciones de los trabajadores que están impulsando las huelgas? Sinceramente, no lo tengo tan claro porque hay bastante de todo. Pero hay un factor a tener en cuenta: los directores de fábricas están impulsando algunas de ellas. Esto solo tiene una explicación: están preparando el terreno para la privatización y su papel en ella tras el derrocamiento de Lukashenko. Al igual que en la descomposición de la URSS los directores fueron los primeros en beneficiarse de la privatización y se convirtieron en propietarios (y de ahí vienen los nuevos clanes oligárquicos en Rusia) lo mismo quieren hacer ahora en Bielorrusia. Pero eso no quiere decir que sean clientes occidentales porque también hay grandes intereses capitalistas rusos en las empresas bielorrusas y no les vendría nada mal una privatización, total o parcial. Lukashenko, de alguna manera, se refirió a esto en el mitin del domingo cuando dijo que "si uno no quiere trabajar no lo arrastraremos (...) pero los rusos, los canadienses, los alemanes y los estadounidenses se alegrarán".

Es evidente, como también os dije, que los neo-marxistas bielorrusos tienen una actitud negativa hacia ese paternalismo de Lukashenko y que no apoyan a la oposición pro-occidental porque tienen sus propios proyectos y defienden intereses sociales que no están en la mente de los pro-occidentales, al tiempo que consideran a Lukashenko un exponente tanto del capital estatal como del privado.

Esta es otra batalla en Bielorrusia: al igual que en Ucrania la burguesía logró neutralizar a la clase obrera con mucha facilidad, a excepción del Donbás, hay un intento de hacer lo mismo en Bielorrusia y en ello tiene mucho que ver la política gubernamental de los últimos años, cada vez más alejada de los parámetros "soviéticos" que hasta entonces definían al país y con claras muestras de fortalecimiento del capital privado en detrimento de lo público y mirando siempre hacia el "mercado".

Lukashenko es visto casi como un padre por mucha gente, dentro y fuera de Bielorrusia, por su estilo y por sus políticas paternalistas. Pero no es oro todo lo que reluce.


En primer lugar, se está poniendo de relieve algo que los romanos ya iniciaron cuando un grupo de guerrilleros lusitanos mataron a uno de los grandes jefes que luchaban contra el imperialismo romano: Viriato. De ahí viene el dicho "Roma no paga a traidores". Pues eso es lo que le está ocurriendo a Lukashenko, un viejo tahúr.

Una de sus políticas estrella de los últimos años ha sido el "equilibrio" entre Occidente y Rusia, un equilibrio que nunca ha sido tal y que siempre ha sido apoyarse en uno más que en otro e intentar casar beneficio de uno y de otro alternativamente. Rusia, como dije, se cansó de este costoso (para su bolsillo) juego. Y ahora está pasando lo mismo con Occidente.


Como contrapartida al fin de las sanciones que la Unión Europea impuso a Bielorrusia en 2004 por lo de siempre, por elecciones no fiables, fraudes y demás, se permitió la libertad de acción sin restricciones a las fundaciones y ONGs europeas y estadounidenses. El 90% de ellas se dedicaron a trabajar entre la juventud al estilo de lo sucedido en Serbia: básicamente, formando cuadros especialmente en la parte más occidental, es decir, la más cercana a Polonia y los países bálticos para que estos países sirviesen como "espejo democrático". De esos polvos vienen estos lodos. No es extraño que Polonia tenga en sus presupuestos generales del estado una partida para financiar a los "medios de comunicación independientes" en Bielorrusia desde hace ocho años y que en este país se asiente la principal red de mensajes que están utilizando los pro-occidentales para la desestabilización actual.


Uno de los artífices de esta política de "equilibrio" es el ministro de Exteriores, un tipo incombustible que anda sin problemas con cualquiera de los dos pies en función casi de cómo se levante ese día. Y este hombre en los últimos tiempos solo ha caminado sobre el pie occidental. No es extraño que suene como reemplazo de Lukashenko y sea cortejado por Occidente en estos momentos. No es extraño porque fue él quien impulsó a Lukashenko para estrechar las relaciones con EEUU, hasta el punto de hablar de "asociación prioritaria" entre los dos países y abrir una "superembajada" (sic) en Minsk, entre otras lindezas.

Este "equilibrio" se sustentaba en una de cal y dos de arena y ha fracasado estrepitosamente. A la última jugada de Lukashenko de enviar un memorando a Rusia para volver a hablar la cuasi-fusión diciendo que los dos países "son como hermanos" Rusia ha respondido en el único ámbito en el que puede responder con rapidez: el militar. Su disposición de ayuda sirve para lanzar un mensaje a Occidente y reforzar, un poco, a Lukashenko. Pero un poco solo. Está dejando que el viejo tahúr, o el viejo mago, muestre sus trucos para constatar que la única opción realista que tiene ahora es volverse a Moscú. Lo que rechazó en los últimos años tendrá que hacerlo ahora, pero con otras condiciones y menos favorables.

Esta es su gran baza, porque Occidente se dará cuenta que presionar más a Lukashenko lo empujará más hacia Rusia. Por lo tanto, Occidente tendrá una victoria pírrica con la aprobación de "sanciones" contra unos cuantos dirigentes, incluido Lukashenko.


Ya prácticamente no le quedan trucos a Lukashenko. Por eso en su discurso del domingo habló de la introducción de reformas constitucionales (un guiño a los menos beligerantes de la oposición pro-occidental), de redistribución de poderes (sin especificar) y otras medidas más vagas pero que indican ciertas concesiones a derecha e izquierda.

El Lince
http://elterritoriodellince.blogspot.co ... ielorrusia

Puede que Putin aproveche para apretar las clavijas a su vecino. Sería un error. En una alianza inestable y traicionera con Turquía, con Ucrania cada día más desesperada, y el reciente conflicto entre Azerbayán y Armenia, cerrar filas debería ser la prioridad número uno. Que Lukashenko quiera mantener su autonomía me parece perfectamente razonable; prefiero su sistema al ruso, para empezar, y es un sistema que en ningún momento va a poner a los rusos en el punto de mira. Los otros, los que ya han caído, con una Polonia tan rusófoba como siempre en la reserva, no tendrían ningun escrúpulo.
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Un saludo.
"Nadie tiene derecho a disfrutar de la vida a expensas del trabajo ajeno"
(G. Zhukov)

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