¡Que vienen los rusos!

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Domkrat
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¡Que vienen los rusos!

Mensaje por Domkrat »

O Scarlett O'Hara contra Putin. Sólo espero que la tal Jessica B. no tenga todavía edad legal para votar en noviembre. Aunque... bueno, mejor no digo nada :mrgreen:

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"Vladimir, Vladimir, ¿qué será ahora de mí?

Francamente, querida, me importa un bledo" :lol:

casarusia
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Re: ¡Que vienen los rusos!

Mensaje por casarusia »

Es tan surrealista que cuesta creer que sea cierto. Esta pava habrá pasado por el supermercado a comprar víveres antes de encerrarse en el sótano con el portátil y una Smith & Wesson... por si los tanques rusos.
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Domkrat
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Re: ¡Que vienen los rusos!

Mensaje por Domkrat »

Pues comprobé el enlace original y han borrado la pregunta. Pero en la captura ya llevaba 168 respuestas. Lástima, porque podía haberse convertido en otro clásico de la internete; como el chaval del R9 pero en rusófobo :mrgreen:

Siberia
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Re: ¡Que vienen los rusos!

Mensaje por Siberia »

:lol: Increíble... pero cierto. Menudo crack... hasta una Constitución le dió tiempo a hacer en sólo 9 días de reinado. :D
Borís Skossyreff: el aventurero ruso que se proclamó Rey de Andorra

Andorra ya casi no se acuerda, pero una vez fue un reino. Bueno, no exactamente un reino, pero algo parecido. En 1934, un audaz aventurero ruso, de nombre Borís Skossyreff, se hizo proclamar Rey de Andorra y gobernó el país desde un hotel hasta que se lo llevó la Guardia Civil. Fue un reinado de tan sólo nueve días.

21-5-2013 / Ramón Pedrosa, Rusia Hoy


En apenas una semana de reinado, a Borís le dio tiempo a todo. Se hizo proclamar rey por el Consejo General, nombró un gobierno provisional, redactó una constitución de 17 artículos, la promulgó y hasta le declaró la guerra a Justí Guitart, entonces Obispo de Urgell y, en esa calidad, máximo mandatario del país pirenaico.

Borís I de Andorra es un personaje que habría sido borrado de la historia de no ser por la novela que escribió sobre él el jurista y diplomático Antoni Morell, exembajador de Andorra ante la Santa Sede y uno de los mejores escritores que ha dado el pequeño país pirenaico. Hoy en día, la leyenda del ruso Skossyreff, noble zarista y exiliado de la Revolución Bolchevique, planea como una historia de amor y espionaje en uno de los momentos más curiosos en la historia del pequeño país.


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Borís Skossyreff había nacido en Vilna en enero de 1896 y durante 15 años, emigró por Europa en busca de fortuna, trabajando a sueldo de la inteligencia británica y acercándose a la familia real de Holanda. Como le ha descrito Alexander Kaffka, historiador ruso que ha dedicado parte de su obra a investigar la figura de Borís I, el aventurero era “uno de los miles de emigrados rusos que generó la revolución de 1917, que sedujo a damas de la alta sociedad europea de la época para sobrevivir y que soñaba con recuperar los privilegios que había tenido en Rusia como miembro de la nobleza”.

Tras muchos años de vueltas por Europa tras la Revolución Rusa, Skossyreff llegó en 1933 a Andorra acompañado de una joven norteamericana, Florence Mazmon, buscando un país del que convertirse en mandatario, hablando de crecimiento, de inversiones, de riqueza y de prosperidad.


La llegada a Andorra

En aquellos tiempos, Andorra estaba muy lejos de ser la pequeña nación cosmopolita, turística y comercial que es ahora. Era un país de campesinos, enclavado en medio de los Pirineos que por no tener, no tenía ni radio. En ese escenario, apareció de la nada, hablando idiomas, emparejado con una rica norteamericana, procedente de los Países Bajos. El viaje fue fugaz. Primero se estableció en la diminuta ciudad de Santa Coloma, donde se estableció en una casa que aún hoy en día se recuerda como la “Casa de los Rusos”. Lleno de encanto, se tomó el trabajo de conocer la realidad del país y de darse a conocer.

En pocas semanas, con la ayuda de uno de los miembros del Consejo General, Pere Torras, se hizo proclamar por dos veces rey por parte de las máximas autoridades del país. El 17 de mayo de 1934, presentó un escrito ante los mandamases de la sociedad andorrana en la que explicaba sus intenciones, y fue amenazado de expulsión, lo que ocurrió cinco días más tarde, el 22 de mayo de 1934, en que fue expulsado por los administradores de justicia francés y español.

Con su fuerte acento ruso y su don de gentes, se refugió en el Hotel Mundial de la Seu d’Urgell. Allí empezó a actuar como monarca, se entrevistó con medios internacionales (incluyendo el Ahora de Madrid y el The Times de Londres) y decidió volver a las andadas, esta vez presentándose como lugarteniente del Duque de Guisa, aspirante al trono de Francia.

Skossyreff era un gran embaucador. Se arrogaba a sí mismo el título de Conde de Orange (exclusivo de la Familia real de Holanda) y un título por Oxford. En las fotos de la época se le ve atractivo. Era alto, llevaba monóculo y nunca se separaba de un bastón con empuñadura de plata, hablaba en francés y con sus modales exquisitos de la corte zarista, confundió a unos y enamoró a otros.


Tras su expulsión, volvió a las andadas

Tras redactar la Constitución, con sus 17 artículos, la hizo imprimir. Prometía modernización de las infraestructuras, inversiones internacionales, status como paraíso fiscal - y en eso, fue adelantado a su tiempo - ), libertades públicas...

El 7 de julio de 1934, el Síndico General de Andorra convocó al Consejo General del país para proclamarle Rey. Y con la imagen de que Andorra sería como Luxemburgo o como Mónaco, todos los consejeros (menos uno) le apoyaron y le vitorearon, y gobernó desde un hotel, durante nueve días. Boris estuvo muy cerca de gobernar. París, lejano a las preocupaciones andorranas, advirtió que reconocería al monarca si así lo decidía al Consell General. Y hasta la República Española tomó un punto de vista similar. El Palacio Real ruso de Borís I no fue tal, sino la Fonda Calons de la localidad de Sant Julià de Lòria.

El sueño acabó cuando el Obispo de Urgell, indignado con el golpe de Estado, se negó a recibirle y le mandó a cinco guardias civiles (cuatro soldados y un sargento) que lo detuvieron y llevaron a Barcelona. Apenas dos semanas después de su proclamación - ya que nunca tuvo coronación formal - viajó en un tren de tercera clase de Barcelona a Madrid para ser juzgado, ante la atenta mirada de una nube de periodistas españoles.

Tras Madrid, Borís sería expulsado y vagó unos años por Europa hasta que desaparecería primero (en 1939, tras la Guerra Civil Española) en los campos de concentración del sur de Francia (se dice que en Rieucros y Vernet). Años después, tras la II Guerra Mundial, la Unión Soviética le habría confinado en Siberia por servir como traductor para las tropas nazis. Autores como Morell han dicho que murió como un monje en el monasterio catalán de Poblet. Otros, como Kaffka, han especulado con que el monarca habría muerto en la ciudad alemana de Boppard en el año 1989.

Sea como fuere, hoy, en Andorra, pocos recuerdan que una vez, durante apenas nueve días, tuvieron un rey. Borís I. El ruso.

Kozhedub
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Re: ¡Que vienen los rusos!

Mensaje por Kozhedub »

¡La madre que lo parió! :lol: :lol: :lol:
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RVLC
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Re: ¡Que vienen los rusos!

Mensaje por RVLC »

En 9 días hizo una constitución él solo y aquí cientos de políticos para reformar un solo artículo tardan décadas, bueno décadas de momento porque en estos momentos no están por la labor de reformar nada. Saludos!!

Siberia
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Re: ¡Que vienen los rusos!

Mensaje por Siberia »

Cuando Rusia “salvó” a los EE. UU.

Por norma, los rusos son presentados en la ficción occidental como el enemigo a batir. Las novelas de acción 'Made in USA' están llenas de espías, asesinos a sueldo, traficantes de armas, mafiosos o 'femmes fatales' con acento eslavo, y el cine ha repetido hasta la saciedad el estereotipo de ruso invasor en títulos como “¡Que vienen los rusos!” (1966) o “Amanecer Rojo” (1984). Sin embargo, en una ocasión los militares rusos desembarcaron por centenares en ciudades de los EEUU… y fueron aclamados como salvadores de los Estados Unidos de América.

4/10/2014 - RBTH


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Septiembre de 1863. Los Estados Unidos se encuentran sumidos en la Guerra de Secesión (1861-65). En las dos costas del país, se comenta de forma excitada la inesperada aparición de escuadras navales de la Flota Imperial de Rusia. El presidente Lincoln, enfermo y postrado en la cama, envía a su esposa junto a varios dignatarios estadounidenses a recibir al primer buque ruso que atraque en Nueva York.

Una vez en el puerto de esta ciudad, la Primera Dama embarcó en la fragata de 33 cañones Osliabia y propuso un brindis “por la salud del Emperador de Rusia”. El capitán del buque ruso respondió con otro brindis “Por el Presidente de Estados Unidos”.

Unos días más tardes, se presentaba en Nueva York, procedentes de San Petersburgo y al mando del Almirante Stepan Lesovskii el resto de la Escuadra del Atlántico, las fragatas Alexander Nevski, Peresvet, las corbetas Variag, Vitiaz y el clipper Almaz, buques a los que recibió la banda del USS North Carolina tocando “¡Dios salve al zar!”, el himno nacional del Imperio ruso, que fue recibido desde mástiles y aparejos con entusiasmo por los marinos rusos, En respuesta, la banda de música del barco insignia ruso Alexander Nevski se animó a representar “Yankee Doodle”.

Al mismo tiempo, al otro lado del continente, procedente de puertos del oriente ruso, llegaban a San Francisco las corbetas Bogatyr, Kalevala, Rynda, Novik, y los clippers Abrek y Gaidamak, al mando del Almirante A.A Popov. Popov había estado en contacto con el Ministro de Marina Nikólái Kárlovich Krabbe, y había sido advertido por este del peligro de guerra con otros imperios europeos por la crisis Polaca. Popov había informado a Krabbe de que, en caso del inicio de las hostilidades, su escuadrón partiría desde San Francisco para atacar posesiones coloniales británicas y francesas.


Los rusos en Nueva York

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Durante las diez semanas siguientes, el almirante Lesovskii y sus oficiales fueron agasajados sin reparar en gastos. Los eventos más lujosos fueron dos banquetes en el Astor House y un baile en su honor en la Academia de Música. Todo ello, para agradecer la gratitud de Rusia por el apoyo moral hacia el Norte en la Guerra Civil Norteamericana. Los neoyorquinos se apretujaban en las aceras para aclamar a los rusos desfilando en sus carruajes, las calles decoradas con banderas de ambos países.

Cenas con brindis y discursos, agradecimientos, piropos por las dos partes, más cenas y más brindis y discursos, un ambiente de amistad creado por necesidad política, por las insurrecciones que ambas naciones intentaban sofocar dentro de sus fronteras.

El Norte, batallando contra los Estados Confederados, los rusos, contra la insurrección polaca. La visita rusa era una demostración de fuerza dirigida a Inglaterra y Francia, que se sentían más que tentadas a intervenir militarmente a favor de los Estados Unidos Confederados.

En 1861, los sureños habían embargado todos los cargamentos de algodón con la esperanza de generar una depresión económica en Europa que forzase a Gran Bretaña a entrar en guerra para poder recuperar el algodón. Sin embargo, los británicos simplemente cambiaron de proveedores dirigiéndose a los mercados de Egipto e India.

El mensaje era: si los imperios occidentales no intervenían para apoyar a los rebeldes en Polonia, Rusia no se aliaría con el Norte en los EEUU. Al mismo tiempo, la presencia de los buques rusos en Nueva York y San Francisco, dejaba claro que las líneas comerciales del Imperio británico y el francés, podían ser dañadas severamente por Rusia, lo cual no convenía a los intereses comerciales de estas naciones europeas.

Para demostrar este punto, barcos de la Flota del Atlántico hicieron viajes a Baltimore, Honduras, La Habana, Jamaica, Curaçao, Cartagena y Bermuda. Alguno de los buques de la Flota del Pacífico visitó Honolulu, Sitka (Alaska) y Vancouver.

Tres días después del gran banquete en Astor House, un centenar de oficiales rusos realizaron un viaje a las Cataratas del Niágara invitados por la Hudson River Steamboat Company. El almirante Lesovskii solo había aceptado la invitación tras prometérsele que no habría más desfiles, discursos ni banquetes durante la excursión de cinco días de duración.

El 5 de noviembre, los estadounidenses engalanaron el teatro Palacio de la Música para la celebración de un gran baile o Soirée russe. Se vendieron 2.000 entradas para uno de los mayores eventos sociales del siglo. Se estima que, fuera del recinto donde se celebró la lujosa recepción, el número de curiosos doblaba al de asistentes. Para el menú de la cena se crearon platos temáticos tales como “snit-mitch” (mini-sandwiches) à la russe, galletas moscovitas o tarta siberiana. La decoración de la sala incluía, junto a banderas de la Marina rusa, una escultura de George Washington junto el Zar Pedro el Grande.

A principios de diciembre, la flota rusa navegó hasta Washington, anclando en el Potomac. Miembros del gabinete de gobierno de los EE UU fueron invitados a visitar los buques rusos y a un banquete en la fragata Osliabia.

William H. Steward, el secreatrio de Estado que años más tarde negociaría la adquisición de Alaska a Rusia durante la presidencia de Andrew Johnson, organizó una cena para responder a la hospitalidad rusa. El presidente Liconln ofreció una recepción a los oficiales de la marina del zar en la Casa Blanca el 19 de diciembre, exactamente un mes tras el discurso en Gettysburg en el que redefinió el esfuerzo por mantener la Unión como “un nuevo nacimiento de la libertad”.


Rusos en San Francisco

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Popov estableció la primera parroquia ortodoxa en San Francisco, contribuyendo amueblarla y equiparla convenientemente para la comunidad rusa de la ciudad. Durante el año de estancia de la flota rusa en la ciudad, se declaró un incendio en el que, como como narra John Middleton en su libro The Russian Navy and Mare Island, 200 marineros rusos, se presentaron voluntarios y contribuyeron a sofocar, muriendo seis de ellos.

Los gobernantes de la ciudad agradecieron este gesto el 26 de octubre de 1863, otorgando medallas de oro a varios oficiales, por su ayuda. Sin embargo, el almirante ruso puso al embajador Eduard de Stoeckl en un compromiso al declarar públicamente a finales de ese mismo años que estaba listo para defender la ciudad si era atacada por fuerzas confederadas.

De Stoeckl le conminó a no realizar tal tipo de afirmaciones. Lo cierto es que la presencia de la Flota rusa en el puerto de San Francisco y las belicosas declaraciones de Popov tuvieron un efecto disuasorio en los planes de guerra sudistas y la ciudad no sufrió ningún ataque.

Cuando quedó claro que Gran Bretaña y Francia no declararían una guerra para apoyar la independencia polaca y que tampoco intervendrían a favor de los Estados Confederados, la Flota rusa se reagrupó en Nueva York en abril de 1864. Antes de abandonar los EE UU, los rusos hicieron una última parada en Boston, donde fueron homenajeados de nuevo, con un último gran banquete en su honor.

En 1866, un año tras el final de la Guerra de Secesión, el gobierno de los Estados Unidos envió a Rusia un destacamento naval con una delegación especial. Estos diputados expresaron oficialmente su gratitud al gobierno ruso “por su ayuda a los nordistas en su lucha contra la esclavitud”.

Celiushka
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Re: ¡Que vienen los rusos!

Mensaje por Celiushka »

Hola Siberia.
Interesante lo que pusiste (Cuando Rusia “salvó” a los EE. UU.) Esa no me la sabía.
Un saludo,
Celiushka

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