7 de noviembre

Historia de la URSS, nacimiento, superpotencia, desaparición.

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facorrov
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7 de noviembre

Mensaje por facorrov »

Mañana es 7 de noviembre. Se cumplirán 90 años de la Revolución.

¿Cómo lo tratarán los medios de comunicación? ¿Lo mencionarán? ¿Habrá algún documental o película relativa al tema?

Como yo lo dudo mucho, a ver si estos días hacemos nosotros un hilo dedicado al 90 aniversario de la Revolución.

Un saludo

vladi.vostok2
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Mensaje por vladi.vostok2 »

Como yo lo dudo mucho, a ver si estos días hacemos nosotros un hilo dedicado al 90 aniversario de la Revolución.
Pues nada, que ya lo has empezado...

Podríamos lanzar unas preguntas: ¿Qué fué lo mejor de la revolución? ¿Y lo peor? ¿Queda algo de ella?

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Vladiвосток
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Mensaje por Vladiвосток »

En algún periódico español el tema es que lo confunden completamente porque mezclan la pasada fiesta del 4 de noviembre (Día de la Unidad Nacional, en referencia al 1612), de reciente celebración, con el 7 de Noviembre, que se celebra el 90 Aniversario de la Gran Revolución.

Mañana habrá, entre otros actos, un desfile en la Plaza Roja moscovita, que servirá de homenaje al histórico desfile que se celebró en dicha plaza el 7 de Noviembre de 1941.

A continuación un artículo de opinión de Ria Novosti:
Ria Novosti
Opiniones
06/ 11/ 2007


Una catástrofe antropológica

(Con ocasión del 90º aniversario de la revolución bolchevique en Rusia)


Yuri Pivovárov, para RIA Novosti. Podría parecer extraño, pero en Rusia todavía se desarrollan las polémicas acerca de lo que significó la revolución bolchevique de 1917.

Digo "extraño", porque en Alemania, por poner un ejemplo, resulta inconcebible cuestionar la naturaleza de la revolución nacional-socialista de 1933: la gente puede discrepar al nivel de algunos detalles pero tiene muy claro qué cosa fue. Los rusos, en cambio, no han llegado aún al consenso sobre octubre de 1917. Es más: se multiplican las voces que apoyan y justifican aquellos acontecimientos.

El planteamiento más recurrente, tal vez, es el siguiente: es hora de que los rusos, igual que otros pueblos con experiencia revolucionaria a sus espaldas, se vuelvan civilizados. Ha llegado el momento de definir el lugar histórico de aquella revolución, dejar de enfocarla en blanco y negro - en los términos del bien y el mal - y buscar reconciliación entre las víctimas y los verdugos, entre los vencedores y los vencidos. Tal y como hicieron los ingleses, al poner monumentos a Carlos I y Cromwell uno enfrente del otro; o los franceses, en cuya memoria coexisten los Borbones, Robespierre y Napoleón, el Antiguo Régimen y la Revolución. De lo contrario, la guerra civil en Rusia nunca va a terminar, dicen los defensores de este enfoque.

La práctica social, por cierto, evoluciona precisamente en esta dirección. Dos ramos de la Iglesia Ortodoxa Rusa - el doméstico, que sufrió a causa del bolchevismo pero pudo cohabitar con él, y el extranjero, que subsiste fuera del antiguo imperio y nunca se llevó bien con el régimen bolchevique - han restablecido por fin la unidad. Descendientes de emigrados y comunistas logran entenderse. Hallan segunda sepultura en Rusia los restos mortales de líderes del Movimiento Blanco. En plano simbólico también hay pruebas de reconciliación entre los bolcheviques y sus oponentes de antaño: la Rusia de hoy ha recuperado el himno de la URSS y la bandera de los que lucharon contra el comunismo durante la Guerra Civil; y la estrella roja del período soviético coexiste pacíficamente en las viseras militares con el águila bicéfala del escudo imperial ruso. Es poco probable que el monumento a Félix Dzerzhinski, fundador de la temible Cheka, vuelva a instalarse en pleno centro de Moscú, pero a lo ancho de la geografía nacional permanecen aún numerosas estatuas de Lenin y sus secuaces, y en la capital rusa hay avenidas que llevan los nombres del académico disidente Andrei Sájarov y de su antiguo opresor Yuri Andrópov, ex jefe de la KGB y, más tarde, secretario general del PCUS.

¿Tal vez, lo que necesitamos realmente es hacer un borrón y cuenta nueva, reconciliarnos con la revolución bolchevique, darla por archivada para que se quede en los museos y en los anales de la Historia? Lo pasado, pasado está, hay que olvidarlo, y que lo sigan debatiendo los investigadores. Sobre todo, porque "no hay nada más patético que moralizar acerca de las grandes catástrofes sociales", como dijo León Trotski, líder de la revuelta que tuvo lugar en octubre de 1917. Mi respuesta categórica es "no". En planto ético e histórico no cabe aquí ninguna fórmula de compromiso o justificación de la revolución bolchevique. Ésta ha sido y sigue siendo la mayor catástrofe y el mayor fracaso en la historia de Rusia, el mayor crimen que los rusos han cometido contra sí mismos y contra los demás pueblos. Que yo sepa, no existe en la historia moderna otro régimen social que por su inclemencia, su carácter pernicioso y antihumano supere al de los bolcheviques. Pueden compararse con él otros regímenes comunistas (aunque, en gran medida, son consecuencia del comunismo ruso) y el régimen nacional-socialista de Alemania. La revolución de octubre de 1917 ha dado origen a la catástrofe antropológica rusa del siglo XX.

Es debido a esta revolución que Rusia ha sido total perdedora en el siglo pasado (el primero en constatarlo en voz alta ha sido el escritor Alexander Solzhenitsin). Esta derrota ha sido consecuencia de una revolución perdida, y no me refiero a la de octubre de 1917 sino a varias décadas de cambios radicales cuyos hitos fueron la revolución de 1905-1907 y la de febrero de 1917, que acabó con el zarismo. Por diversas razones históricas, algunas de las cuales son perfectamente conocidas y otras aún están por esclarecer, la revolución rusa no pudo, por desgracia, mantenerse dentro de los límites de lo posible y lo admisible, en el marco de una fórmula de compromiso pactada por las principales fuerzas sociales y política del país. Al parecer, la primera revolución rusa de 1905-1907 había aportado tal fórmula pero la evolución de la Primera Guerra Mundial, bastante desfavorable para Rusia, la torpe actuación de la Corona y otros muchos factores derivaron en la abdicación de Nicolás II. Daba ya la impresión de que Rusia, tan ávida de libertad, se encumbraba finalmente cuando, de repente, se precipitó abajo. La revolución de octubre significó la derrota de todos: el pueblo, los intelectuales, el clero, las élites, etcétera.

Sin embargo, la sociedad rusa en su conjunto se resiste a admitir aquella quiebra histórica. Prefiere taparse los ojos y reconfortar su orgullo y su amor propio con la nostalgia de grandes conquistas del período comunista, tales como la victoria en la Segunda Guerra Mundial, la exploración del Espacio, la industrialización de un país atrasado, la educación general de bastante buena calidad y otras cosas por el estilo. No quiero adentrarme en la polémica con los "triunfalistas" pero pienso que decenas de millones de víctimas en el bando propio y en el contrario, así como un terror sistemático contra la naturaleza humana reducen a la nada tales éxitos bolcheviques.

Algunos dirán - ya lo sé - que octubre de 1917, a pesar de todas sus crueldades, impulsó la emancipación de los pueblos afroasiáticos, esclavizados por colonizadores occidentales. Incluso suponiendo que fue así, es decir, que los sucesos en Rusia podrían interpretarse como un preludio de la anhelada liberación social, el hecho no cambia nada en el calificativo aplicable a aquella revolución. Es verdad que se trata de un acontecimiento trascendental en la historia del mundo y que marcó en grado notable el contenido del siglo XX. Es verdad que la revolución de octubre en Rusia no era casual sino que tenía profundas raíces sociales y obedecía a causas fundamentales. Pero el carácter que adquirió, el sistema social al que dio origen y las amenazas existenciales que generó son estremecedores y repugnantes.

Cabría preguntarnos en este contexto cuál es la esencia de aquella revolución y del bolchevismo en general. No existe una respuesta simple. Fue un fenómeno bastante complicado, lo cual, por cierto, explica en parte su atractivo para las masas populares y los intelectuales. Por un lado, fue una ideocracia marcada y, por otro, un régimen ideológicamente omnívoro, sin principios algunos, que iba absorbiendo una multitud de ideas, ánimos y energías y el cual presentaba a diversos sujetos sociales una oferta específica y variada.

La médula del bolchevismo, desde luego, eran la violencia y el simplismo como dos métodos únicos y universales para la solución de cualquier problema. No es casual que Georgi Plejánov, el "padre" del marxismo ruso, definiese a Lenin como "el genio del simplismo". Los bolcheviques apuestan por lo más bajo y lo más álgido, por la debilidad del individuo o de cierta comunidad social e histórica. Explotar estas cosas es la esencia del leninismo-trotskismo-estalinismo, alias bolchevismo. Claro que los bolcheviques y la revolución de octubre encarnaron también la idiosincrasia rusa, toda una serie de rasgos históricos, complejos psicológicos y utopías inmanentes a los rusos.

Pero se equivocan las numerosas personas convencidas de que el régimen comunista es algo orgánico de los rusos y representa una continuación lógica de su pasado, con la salvedad de que presenta la naturaleza de esta nación de una manera un tanto exagerada. No es cierto. El bolchevismo fue la negación total de la evolución cultural que Rusia había tenido a lo largo de varios siglos. El significado y el objetivo de tal evolución era construir en el vasto espacio euroasiático una sociedad moderna. Tal propósito se había logrado en parte antes de empezar la Primera Guerra Mundial. Era una sociedad peculiar, como toda Rusia, y muy diferente a los modelos clásicos que presentaba la Europa Occidental, pero sí encuadraba sin duda alguna en la categoría de sociedades modernas. Su destrucción en octubre de 1917 supone, por tanto, una catástrofe global, no solamente rusa. Me atrevería a afirmar que la historia del siglo XX se habría sustentado en el Derecho en grado menor, si no fuera por aquella catástrofe.

La única forma de superar el pasado es eliminando las causas de lo ocurrido, y si su hechizo no se ha roto hasta hoy, es porque las causas siguen vivas, escribió Theodor Adorno después de terminada la Segunda Guerra Mundial. Karl Jaspers observó en las mismas fechas, en su "Problema de la culpa", que la conciencia se transforma cuando el remordimiento pincha como un aguijón. Sea como fuere, la historia del período de posguerra demuestra que Alemania ha superado las causas del pasado y transformado su conciencia. Rusia no lo ha hecho. Y ello significa que, en cierto sentido, la revolución aquí continúa.

Nota. El autor del presente artículo es miembro de la Academia rusa de Ciencias, profesor de la Universidad Mijaíl Lomonósov de Moscú (MGU) y del Instituto de Relaciones Internacionales de Moscú (MGIMO), presidente honorífico de la Asociación nacional de Ciencias Políticas.

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDIRÁ OBLIGATORIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI
Y dos enlaces sobre el tema:

90 AÑOS DE LA REVOLUCIÓN RUSA

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mari paz
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Aniversario de la Revolución

Mensaje por mari paz »

Se supone que hoy hace 90 años del triunfo de la Revolución ( con la diferencia del calendario Juliano ) y a mí me hace mucha ilusión recordar aquellos días que verdaderamente cambiaron el mundo.

facorrov
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Mensaje por facorrov »

He encontrado estas fotos en internet. La conmemoración de hace 40 años...



http://drugoi.livejournal.com/2379324.html

facorrov
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Mensaje por facorrov »

Juli... prepara el disco duro!

facorrov
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Mensaje por facorrov »

La Revolución de Octubre gana a las revueltas democráticas
El peso histórico del triunfo bolchevique aún se proyecta sobre los antiguos países de la URSS 90 años después
PILAR BONET - Moscú - 07/11/2007



La sombra de la Revolución de Octubre, de la que se cumplen hoy 90 años, se proyecta estos días sobre la política de Rusia y de países pos-soviéticos, cuyos dirigentes prefieren ignorar aquel acontecimiento histórico, que propicia análisis comparativos entre intelectuales.


El 30% de los rusos apoyaría hoy a los bolcheviques, según una encuesta
En Moscú, el foro de discusión del sociólogo Mark Urnov se planteaba la semana pasada si en la Rusia actual sería posible una revolución contra el sistema del presidente Vladímir Putin. En su mayoría, los polemistas concluían que existe más peligro de desestabilización que de revolución, si baja el precio del crudo o si se extienden por la sociedad las divergencias que agrietan la élite en el poder. "Si hay una revolución en Rusia, no vendrá ni Václav Hável ni Walesa, sino un líder como Mussolini", decía Leonid Gosman, de la Unión de Fuerzas de Derechas.

Si se produjera una revolución como la de 1917, un 30% de los rusos apoyaría activamente a los bolcheviques o colaboraría con ellos (en 1990 eran un 49%), un 23% trataría de escabullirse y un 18% se iría al extranjero, mientras un 6% lucharía en contra, según un sondeo del centro Levada. De 1990 a 2007, los simpatizantes hacia Lenin han disminuido del 67% al 27%. La figura de Stalin, en cambio, se revaloriza. Los que simpatizan con Stalin han aumentado (del 8% al 15%) y los que sienten antipatía, disminuido (del 49% al 29%).

Un 23% de los rusos aún festejan la Revolución de Octubre, frente a un 15% que celebra la nueva fiesta nacional, conmemorativa de la expulsión de los polacos en 1612. Un 59% no festeja ni una cosa ni otra.

También en Ucrania creen que la Revolución de Octubre tiene más peso histórico que la revolución naranja, la protesta popular contra el fraude electoral en noviembre de 2004. En el programa de debates de Savik Schuster, en el canal Intel, se preguntó a los televidentes si creían que la revolución naranja, cuando ésta cumpla 90 años, será recordada del mismo modo que la de Octubre. Al principio del programa, un 27% opinaban que sí y un 73% que no. Tras un acalorado debate, los que creían que se recordará del mismo modo llegaron al 40%, mientras el 60% restante creían que no.

Las dificultades de los países pos-soviéticos escenario de revoluciones en los últimos años invitan a preguntarse si el término es acertado. En Georgia, en 2003, en Ucrania, en 2004, y en Kirguizistán, en 2005, no se produjo un corte tan radical como el de 1917. El presidente de Georgia, Mijaíl Saakashvili, protagonista de la revolución de las rosas, sufre desde el viernes la presión de miles de manifestantes que piden su dimisión, acusan al presidente de autoritarismo y arrogancia y exigen elecciones en primavera de 2008, y no en otoño de ese año, como está previsto.

En Ucrania, donde se celebraron comicios anticipados el 30 de septiembre, los naranja, que salieron a la plaza hace tres años, no han formado aún una coalición de gobierno y el presidente Víktor Yúshenko parece temer más a su antigua aliada, la radical Yulia Timoshenko, que a Víktor Yanukóvich, su antiguo rival y hoy jefe del Gobierno en funciones.

En la república centroasiática de Kirguizistán, donde una revuelta acabó con la presidencia de Askar Akáyev en marzo de 2005, los jefes de la revolución de los tulipanes están también divididos. En el espacio pos-soviético algunos sospechan que, con revolución o sin ella, sólo una larga evolución producirá cambios sustanciales cualitativos hacia la democracia.











http://www.elpais.com/articulo/internac ... iint_9/Tes

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jozsi
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Mensaje por jozsi »

Muy buenas las fotos Facorrow!!!

(a mí ya no me queda ya sitio en el disco duro :D )

saludos

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Vladiвосток
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Mensaje por Vladiвосток »

mari paz , hoy es el Día, se recuerda como bien has dicho un acontecimiento que cambió el mundo.

Nuestro Camarada facorrov abrió hace unos días el tema y debido a que tiene ya algunas respuestas lo enlazo con el tuyo para continuar este interesantísimo y profundo tema.

7 de Noviembre
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facorrov
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Mensaje por facorrov »

Por favor si alguien se entera de alguna película, reportaje, documental... esta semana, poned aquí hora y cadena.

Gracias...

Kozhedub
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Mensaje por Kozhedub »

¡Hola!

Unas fotos formidables, Facorrov. :adora:

Gracias y que Marx sea contigo.

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Mensaje por Kozhedub »

Hola de nuevo.

Un artículo sobre el particular que arroja alguna reflexión interesante.
90º aniversariom de la Revolución de Octubre
El ocaso del socialismo soviético


Lisandro Otero
Rebelión
El miércoles 7 de noviembre se cumplieron 90 años del triunfo de la Revolución de octubre y el inicio del experimento socialista en la sexta parte del mundo.

El imperialismo zarista fue armando el Estado ruso con la absorción de estados limítrofes, buscando áreas de influencia al norte y al sur, hacia los pueblos escandinavos y los musulmanes, accesos al Báltico, al Caspio, al Mar Negro, al océano Pacífico, al petróleo del Cáucaso, alcanzando la salida al Mediterráneo a través del Bósforo y los Dardanelos. Solamente era posible mantener la cohesión de este gigantesco rompecabezas mediante un absolutismo como el de los Romanov o el de Stalin, quien estableció un aparato de control y mutiló la creación artística y la indagación filosófica y la redujo a esquemas maniqueos, alejados de la dialéctica de la vida real. Agotó a su país en un esfuerzo colosal de implantar reformas.

No todo el período de Stalin debe adjudicarse al déficit, tiene apreciables acumulaciones en su haber, aunque ello no lo disculpa ni exonera. De 1928 a 1955 el número de trabajadores no agrícolas pasó de diez a cuarenta y dos millones, ritmo sin precedente en la historia. La producción industrial se multiplicó ocho veces, a pesar de que en el periodo descrito la URSS sufrió la aniquiladora invasión nazifascista. El número de obreros industriales pasó de 3.9 a 17.6 millones, no obstante los veinte millones de muertos que dejó la contienda. En un lapso asombrosamente breve la URSS dejó de ser un país medieval, abismalmente retrasado, para convertirse en la segunda potencia del mundo. Ello demostró que aún en condiciones teratológicas, con el lastre que le imponían sus imperfecciones y los desastres de la guerra, el socialismo era capaz de acelerar excepcionalmente el desarrollo. Diezmó a sus propios partidarios y erigió un imperio que sobrevivió a su muerte. Pese a sus errores, finalmente condujo, a su patria amenazada, a la victoria sobre el fascismo. Se convirtió en un héroe mítico, custodio de la doctrina y emblema de la nación, de la misma manera que Cromwell o Robespierre. Convirtió a Rusia en la primera potencia industrial de Europa y la segunda del mundo. Tal como ha dicho Isaac Deutscher, Stalin halló un país que labraba la tierra con arados de madera y lo dejó dotado de energía atómica.

Nikita Kruschov denunció el culto a la personalidad y comenzó la reforma con un nuevo estilo, más franco y desenfadado. Durante su mandato se inició la conquista del espacio y el diálogo con Occidente, la explotación de las tierras vírgenes y el cisma con China. Un suave viento de modernización comenzó a soplar. Breznev gobernó durante dieciocho años, la mayor parte de ellos en el estancamiento, durante los cuales la Unión Soviética se encaminó a su declinación. Los índices de crecimiento se contrajeron progresivamente, los bienes de consumo fueron más escasos y la economía fue engullida por la producción de armamentos para sostener la rivalidad bélica con Estados Unidos. La ineficiencia, la corrupción, el mercado negro y el descontento aumentaron como nunca antes.

El Partido perdió su capacidad de movilización de las masas. A la despolitización del pueblo se añadió el descreimiento de los intelectuales y el cinismo de la burocracia. Lo más grave: en esos años se produjo una especie de segunda revolución industrial, la revolución informática, y la URSS no ajustó su paso a los nuevos tiempos y se fue quedando rezagada. Andropov entendió la necesidad del cambio, pero no tuvo tiempo de implantar sus reformas; apenas pudo alentar la nueva mentalidad en algunos discípulos, como Gorbachov. En el breve año del gobierno de Konstantin Chernenko, quien enfermo y casi inválido asumió el ocaso del sistema, el deterioro de la URSS alcanzó el borde del abismo. La elección de Gorbashov era la señal esperada para conducir a la nación soviética hacia una nueva modernización. Pero los cambios fueron implantados con torpeza y descuido de la vertiente política. El socialismo solo podía satisfacer las necesidades materiales y espirituales del hombre mediante un sistema de administración dinámico y ágil, pero el “socialismo real” se hacía mas retrasado y lento.

Las elecciones que confirmaron en el poder a Yeltsin fueron un ejemplo de ingerencismo, manipulación y embaucamiento. El gobierno de Clinton tembló ante la posibilidad de una derrota que propiciaría el renacimiento de la Unión Soviética y el renacer de la Guerra Fría. Habría terminado el ámbito unipolar y la capacidad de Estados Unidos de imponer su voluntad al resto del mundo. El capitalismo que Yeltsin construyó en Rusia fue una mezcla de bandidaje, saqueo, corrupción, despojo indiscriminado, inmoralidades y violencia, en un neoliberalismo salvaje como manera de incrementar la polarización de la riqueza, aumentar la ganancia de quienes tienen y la miseria de quienes no tienen.

El modelo de comunismo soviético ha sufrido una crisis de imagen. El fracasado prototipo ruso de socialismo arrastró, tras de sí, la ideología marxista y las experiencias positivas del leninismo. Cuando se habla hoy de marxismo se piensa en las violaciones estalinistas de la legalidad socialista y se ignora el monumental legado ideológico que entraña: Se necesita una remodelación semántica, hay que buscar un acondicionamiento de imagen, una reconversión, nuevas fachadas y procedimientos. Pero sobre todo el socialismo debe hacer un profundo autoanálisis de sus errores y proceder a una rectificación de principios.

El pueblo ruso, que favoreció el cambio está experimentando ahora una fuerte reacción nacionalista. Quizás, entonces, Rusia pueda recobrar algo de sus perdidos lustres. Henry Kissinger ha señalado que los imperios que caen, generan dos causas de tensión: los intentos de sus competidores por aprovechar la debilidad del antiguo centro imperial y los esfuerzos del imperio decadente por restaurar su autoridad en la periferia. Es muy probable que los Estados Unidos, que ya han iniciado su declinación bajo Bush, vean la desaparición de su hegemonismo en la segunda mitad del siglo XXI. No es la primera vez que esto ocurre en la historia. Los poderosos imperios romano, bizantino, austrohúngaro y otomano también se desmembraron y perdieron su eminencia. Es de esperar que algo similar ocurra otra vez y un modelo perfeccionado de distribución homogénea de la riqueza y satisfacción de las necesidades humanas pueda prevalecer sin los errores de su primer intento.
Saludos.

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barvarroja
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Mensaje por barvarroja »

90º aniversariom de la Revolución de Octubre
El ocaso del socialismo soviético


Lisandro Otero
Rebelión
El miércoles 7 de noviembre se cumplieron 90 años del triunfo de la Revolución de octubre y el inicio del experimento socialista en la sexta parte del mundo.

.............El modelo de comunismo soviético ha sufrido una crisis de imagen. El fracasado prototipo ruso de socialismo arrastró, tras de sí, la ideología marxista y las experiencias positivas del leninismo. Cuando se habla hoy de marxismo se piensa en las violaciones estalinistas de la legalidad socialista y se ignora el monumental legado ideológico que entraña..............
Yo no lo veo tan exagerado, yo creo que alguien puede andar perfectamente por ahí con una camiseta de la URSS, de Lenin, RDA, el Che incluso de Stalin y Mao, y no llamar demasiado la atención, sin embargo, no vayas con una esbástica, una foto de Hitler, Franco, Videla, Pinochet o la Tacher, incluso de Aznar o del Petit Sarkosy, porque caer bastante mal a mucha gente. Yo creo que mientras subsistan ciertas "prerrogativas" del estado del bienetar la gente se mantendrá al margen del Socialismo y todo lo que conlleva, pero como empiecen a recortar derechos ya veremos si las banderas rojas no volverán a ondear a miles, como ocurre en muchos otros sitios del planeta. Además muchos partidos políticos se valen precisamente del concepto Socialismo para engatusar al pueblo, en España sin ir mas lejos, el partido gobernante se denomina Partido Socialista Obrero Español, algo que ni los comunistas atraverían a llamarse: "Obrero". Por lo demás coincido bastante con el artículo; sobre todo en lo concerniente a los bienes de consumo básicos, electrónica e informática; eso es vital para que una sociedad prospere en plena revolución tecnológica más grande que ha conocido la historia de la humanidad.

Saludos.
O comemos todos¡¡¡¡ o patada a la olla¡¡¡¡¡¡¡

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Mayakovski
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Mensaje por Mayakovski »

facorrov escribió:Juli... prepara el disco duro!
¡Vaya fotos! Ya tengo la carpeta a punto para guardar muchas más. Estoy seguro de que se colgarán unas cuantas en este hilo. Buen trabajo, camarada, hagamos que no muera...

En mi modesta opinión, la Revolución rusa fue un hecho excepcional y sin precedentes en la historia. Y fue el fruto de unas condiciones muy especiales en todos los sentidos (históricas, culturales, económicas, sociales). La revolución de izquierdas a nivel mundial fracasó en Alemania, España y en todas partes porque esas condiciones no se produjeron (China y Cuba me parecen casos aparte). Por eso creo que cualquier comparación con los tiempos actuales es una ingenuidad. Eso del "y si..." es un buen ejercicio de sociohistoria, pero nada más. Es como si actualmente nos pusiéramos a hablar de la posibilidad de otra revolución francesa. Ahora hay que mirar hacia adelante y estar atentos a América Latina y a los efectos de la globalización en los nuevos movimientos sociales. Rindamos homenaje a toda aquella gente y lamentemos el sufrimiento de todo un pueblo. Pero, por favor, que no pongan a Nicolás II al lado de Lenin, hay cosas que no encajan ni con calzador :?

Cuando veo las banderas soviéticas en la Plaza Roja se me pone la carne de gallina :roll:

Saludos,

Juli
La democracia es una forma de gobierno en la que cada cuatro años se cambia de tirano. Vladimir Lenin

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jozsi
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Mensaje por jozsi »

Cuando veo las banderas soviéticas en la Plaza Roja se me pone la carne de gallina
lo mismo digo :)

e imagínate si a la vez uno escucha el himno soviético ...

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